jueves, 3 de octubre de 2013

Día 6. Portilla de la Reina - Lugueros. 89,63 Km

Kilómetros: 89,63
Distancia ascendiendo: 47,53 km
Desnivel acumulado positivo: 2.494,50 metros
Porcentaje máximo de subida: 23,10%
Porcentaje máximo de bajada: 21,93%
Tiempo pedaleando: 6:38 horas
Tiempo ascendiendo: 4:28 horas
Vel. media en movimiento: 13,50 km/h
Vel. media total: 7,18 km/h
Vel. máxima: 52,54 km/h

Riaño
Puerto de Tarna
Collado Pinzón
Collado de las Agujas
Recuerdo a mi padre
Puerto de Las Señales
Valle del río Pinzón
Collado de las Agujas















Nos despertamos temprano para hacer la etapa largísima que se aventura hoy. Desayunamos en el albergue medio estrujados y de pie en el vestíbulo porque el alberguero no ha abierto el salón y nos ha dejado preparado un termo con café y unas magdalenas. Regulín, regulín.

Está amaneciendo y el día aparenta fresco con alguna nube. Comenzamos a rodar con las primeras luces, a las 8:00. Bajamos por carretera en dirección Riaño terminando de completar las hoces que el Esla forma en la bajada desde San Glorio. Ayer ya recorrimos la gran mayoría pero como era ya casi de noche y estábamos como estábamos las disfrutamos más bien poco. Hoy voy fijándome más en los farallones calizos que atravesamos.

La carretera es mayoritariamente de bajada, por lo que después de parar a sellar un momento en Boca de Huérgano, nos llegamos hasta Riaño sin apenas darnos cuenta. Son las 9:15 y llevamos recorridos 19 kilómetros. Justo antes de llegar a Riaño veo dos corzos que se internan a grandes saltos en la maleza. Habrían bajado al embalse a beber.

Desde Riaño enfilamos por carretera en dirección puerto del Pontón bordeando el embalse de Riaño. Las vistas de las montañas reflejándose en el agua con el sol recién amanecido son espectaculares. Miro en dirección al valle del puerto del Tarna y lo veo muy nublado pero aparenta no llover.

En el cruce para desviarse hacia el puerto del Tarna espero a que llegue Luis. Aunque parece que lleva un ritmo algo lento, son las 10 de la mañana y hemos recorrido 28 kilómetros, lo que entra dentro de la planificación.

A partir de aquí la carretera va subiendo poco a poco adentrándose en el valle que luego conforma el puerto del Tarna. A la altura de Lario veo un bar abierto en mitad de la carretera. Apoyo la bici en un pretil para que Luis la vea claramente al pasar y entro a tomar un café. Pasados quince minutos me parece extraño que se demore tanto y salgo a mirar. Junto a la bici ha aparcado un camión que aunque no la tapa, sí que la ha dejado algo menos visible. Entro al bar y pregunto de quien es el camión que ha aparcado así en mitad de la calle. Y es de uno que había entrado hacía cinco minutos y se había quedado al lado de la puerta. Como sé lo despistado que es Luis y que siendo las horas que son igual irá hablando con Sonsoles, me quedo con la incognita de si habrá pasado o no. Al medio blasfemar contra el del cambión me dice que ha visto pasar a un ciclista que iba empujando la bici. Aunque el terreno es llano y debiera ir dando pedales, no me cabe duda de que se trata de Luis. Pago a toda prisa y salgo como una centella. Me voy tan escopetado que me olvido de recoger las vueltas. El café me ha salido por cinco euros. Ole la generosidad.

Aquí en Lario, o en el muy cercano Acebedo, es donde según la planificación inicial debiéramos haber dormido hoy tras salir de Posada de Valdeón, haber subido Panderruedas y haber cruzado el Pármade hasta Polvoredo. Eso significa que hemos ganado un día por no haber subido ayer la Remoña y haber bordeado en su lugar las montañas por carretera.

Al llegar a Uña hay una fuente en mitad del pueblo. Paro a repostar y saludo a uno que pasa en bici de carretera. Al poco de salir de Uña, donde empiezan las pistas que los excursionistas tomar para subir desde aquí a la zona de Peña Ten por el valle que forma la Hoya de Bordecazo alcanzo a Luis. Se acababa de parar porque al adelantarle el ciclista que yo acababa de saludar en Uña le ha preguntado si había visto a alguien con bici con alforjas y le dijo que lo llevaba justo detrás. Luis es como las mujeres, pregunta a todo el mundo. Otra cosa es que le sirva de algo. Son las 11:00, estamos a 1.200 metros de altitud y llevamos recorridos 39 kilómetros.

A partir de aquí las rampas empiezan a empinarse y si bien alguna es algo exigente sobre todo en los kilómetros finales, el puerto en general se puede subir a tren sin pasar calamidades. Las nubes se van cerrando a medida que ascendemos y corono el puerto del Tarna a las 12:10 después de 47,5 kilómetros de ruta. Estamos a casi 1.500 metros de altitud. El día se ha cerrado mucho y aquí sopla mucho viento. Trato de protegerme como puedo mientras llega Luis hasta que veo que en un edificio destartalado que aparentaba estar abandonado, hay un bar. Está vacío pero está abierto. Al sitio no le echan ni una mano de pintura desde hará más de 60 años. En lo que llega Luis, unos 25 minutos después, voy pidiendo un plato de embutido que seguro que nos entrará bien. Si en Lario que es llano ya iba empujando, me supongo que al menos los kilómetros finales del puerto también los haya hecho empujando.

Después del embutido y los refrescos de cola, que no hay que poner publicidad, salimos para seguir subiendo los 3 kilómetros que nos separan del alto el puerto de Las Señales. Estos kilómetros son muy parecidos a los del Tarna y hacemos cima a las 13:40 después de 50,5 kilómetros. Estamos a 1.630 metros de altitud.

A partir de aquí la ruta planificada marca bajar el valle en dirección Puebla de Lillo para, en unos 6 kilómetros, a la altura del río Pinzón, tomar un camino a la derecha que remonta el valle del Pinzón hasta atravesar el collado del mismo nombre. Desde el Collado Pinzón se hacen unos pocos de kilómetros de bajada hasta Isoba. Remontar hasta el collado Pinzón nos ahorra tener que bajar hasta Puebla de Lillo y subir entero el Puerto de San Isidro. La carretera hace eso para dar la vuelta entera a la Sierra de las Porracas y al pico San Justo, que vemos alzarse majestuosamente delante nuestro con sus casi 2.000 metros de altura.

De estos kilómetros por el Collado Pinzón no poseo información alguna. Cuando planifiqué la ruta vi que era un atajo para no dar una vuelta tan grande a Porracas y a San Justo, pero no había visto track alguno en ningún sitio ni descripción de este tramo. Así que lo que hice fue pintar la ruta a mano, sin saber altimetrías ni desniveles reales, solo me hacía idea de si tenía cuestas por las líneas de nivel del mapa. Ni tampoco sabía si el camino se podía hacer o si había alguna finca o algo que impidiera pasar. Los mapas y las ortofotos que había visto me daban la sensación que lo podíamos hacer sin mucho problema y sin obstáculos aparentes, a excepción de uno o dos kilómetros de bastante repecho al fondo del valle. Pero eran sólo suposiciones.

La ruta inicialmente planificada indicaba que después del Pinzón tendríamos que tomar un camino que sube en paralelo al puerto de San Isidro hasta el lago del Ausente. Pero a sabiendas de que era un camino muy duro y dado los kilómetros extra que íbamos a hacer y el biorritmo casi plano de Luis, decidí descartar ese camino y subir el puerto de San Isidro por carretera desde Isoba, para hacer después el remate final de la subida a la parte alta de los remontes de la estación de esquí.

Estábamos en el cruce hacia el valle del Pinzón a las 14:00. Durante todo el recorrido por el valle del río Pinzón no hacía más que darle vueltas a la cabeza con que si nos encontrábamos algo que nos impidiera continuar por aquí, no podría ni pensar en desandar lo hecho por el valle, para bajar hasta Puebla de Lillo y volver a subir todo el puerto de San Isidro y a la cima de los remontes de las pistas de esquí. Ante esa contingencia iba haciéndome a la idea de que si teníamos que bajar a Puebla de Lillo nos tendríamos que quedar a dormir allí y sopesar después si al día siguiente retomar ruta hacia San Isidro, perdiendo el día de adelanto que habíamos ganado, o cruzar por las pistas que atraviesan el valle del Celorno para cruzar la Sierra de la Cuerna y llegar hasta Villaverde de la Cuerna y Lugueros. Eso significaría no pasar por los remontes de la estación de esquí de San Isidro, el punto más alto de la ruta y el otro punto, junto con la subida al Panderruedas, que más me habían atraido de todo el Camino. Si Panderruedas ya nos lo habíamos saltado, no subir a la Collada de las Agujas de San Isidro sería hacer bingo.

El valle del río Pinzón es un tramo en permanente ascenso jalonado de cumbres altas y por el que se atraviesan unos verdes pastizales primero y un muy bonito hayedo al final. La realidad es que ha sido un acierto hacer este valle porque se puede ir perfectamente en bici, es muy bonito y sólo tiene de empujar los 300 metros finales con los que se corona el Collado Pinzón. Desde ahí hasta Isoba sólo hay 2 kilómetros en bajada. Llegamos a Isoba a las 15:30 tras 62 kilómetros recorridos.

Es hora de comer y paramos en el bar a tomarnos un pepito de ternera con pimientos que nos supo a gloria. Como ya sólo nos quedan de dificultades unos 4 kilómetros de subida por carretera a San Isidro y la subida final a las pistas de esquí, se me disipan todas las dudas y doy por seguro que terminaremos la etapa en Lugueros.

Ya ayer al ir a cenar en Portilla de la Reina hablé con Eusebio para decirle que hoy estaríamos en sus cabañas. Me dijo que estaba en un curso en Palencia y no podría vernos, así que había tenido la deferencia de dejarnos la llave en un sitio para poder entrar cuando llegáramos y, además, un vasito con jabón y otro con suavizante para que pudiéramos lavar. Este Eusebio es un crack. Muchas gracias. También me dijo que pensaba que dormiríamos la noche anterior en Posada de Valdeón, que era como estaba planificado, porque si hubiera sabido que al final estábamos en Portilla de la Reina se hubiera acercado desde Palencia a cenar con nostros. Lo dicho, es un tío majo.

Al terminar de comer empieza a tronar y a llover algo. Como vamos con tiempo decidimos esperar otra vez más a que escampe algo para salir sin lluvia. Poco después, como parece que las nubes no se terminan de retirar y pese a que sigue lloviendo algo, decidimos salir para no demorarnos más. Reiniciamos pedaleo a las 16:30 con la sensación de haber comido divinamente pese a que sólo ha sido un bocata con café. Este bocadillo y el rato allí parados nos han devuelto el ánimo y  las fuerzas.

La subida al alto de San Isidro la hacemos con lluvia y algo de frío. Coronamos a las 17:05 tras 66 kilómetros de etapa. Ahora queda sólo lo más chungo. Subir al aparcamiento de las pistas de esquí de Circo de Cebolledo y llegar hasta la cima de los remontes en el Collado de las Agujas. Al llegar a la base de los remontes la lluvia nos sigue empapando y el frío es intenso. Solo hay 6 grados. Qué diferencia con las temperaturas de casi 30 grados de sólo dos días antes.

La subida hasta el Collado de las Agujas la hacemos casi íntegramente empujando con fina lluvia y rodeados de una intensa niebla que hace que al final pierda de vista a Luis. Le voy dando voces para que se oriente, que allí no hay ni habrá nadie a quien pueda preguntar si acaso se me pierde.

Finalmente corono el Collado de las Agujas a las 19:00 tras 72 kilómetros de etapa. Estoy a 1.940 metros de altura, el punto más alto de todo el Camino de este año. Como si la naturaleza se rindiera a lo que para nosotros es casi una hazaña, el cielo se abre un poco, deja de llover y la montaña se ilumina con unos colores especiales. Es realmente precioso.

En lo que llega Luis busco un sitio en el que poner un modesto papel en el que he escrito una breve dedicatoria a mi padre, que este año hace 15 años de su muerte. Sé seguro que si viviera disfrutaría más que yo siguiéndome en mis Caminos y viendo el esfuerzo que derrochamos en ellos. Fue un grandísimo deportista y una persona de una honradez intachable. Era muy reservado y pocas veces dejaba traslucir sus sentimientos. Igual yo nunca supe transmitirle de forma rotunda el amor y la admiración que le profesaba; pero desde que nos dejara ha estado en mi memoria permanentemente. En ese rato que estoy allí arriba a solas me parece estar hablando con él y sintiéndole muy cercano; y me parece verlo henchido de gozo disfrutando a la vez que yo lo hago subiendo estas montañas.


Cuando llega Luis nos hacemos las fotos de rigor y disfrutamos de este maravilloso momento. Hemos sufrido mucho pero estamos en la cima de nuestra ruta de este año. El paisaje es espectacular. Estamos allí disfrutando casi media hora pero cuando nos vamos me da la sensación de haber estado solo 5 minutos; me hubiera quedado dos horas más.

La bajada la hacemos por el lado de Riopinos, por una pista en zigzag con bastante pendiente que llega hasta el aparcamiento de la base de los remontes de este valle. Desde aquí hay que hacer unos 6 kilómetros de carretera hasta llegar al alto del puerto de Vegarada. Nos salen a la caza dos mastines enormes que están cuidando el mucho ganado que hay suelto por estas montañas. Si te muerden te arrancan una pierna. Veo también un par de venados cruzando a grandes saltos. En este tramos de carretera empieza a llovernos fuerte y nos empapamos. Hay que abrigarse porque el sol está empezando a ponerse y la temperatura es muy baja.

La bajada del puerto de Vegarada hasta Lugueros la hacemos casi sin dar pedales. Es una delicia terminar así una etapa en la que hemos subido tantos puertos. A media bajada nos deja de llover y trato de seguir disfrutando del impresionante paisaje que nos rodea. He venido ya muchas veces por aquí, pero uno no se cansa nunca de ver esta naturaleza. Mañana nos llegaremos a Mansilla de las Mulas y toda esta maravilla de montañas de las que hemos disfrutado estos seis días se convertirán en un llano secarral hasta Madrid.

Llegamos a las cabañas de Lugueros a las 20:30. Tercer día consecutivo que llegamos a destino anocheciendo tras otros 90 kilómetros a la buchaca; pero creo que los esfuerzos bien han merecido la pena. Hay sitios por lo que hemos pasado por donde quizá no volvamos a pasar nunca más.

Todo está según me había dicho Eusebio. Tras la ducha de rigor y poner la lavadora, nos vamos a cenar al bar de Lugueros. En la tele están a punto de decir la ciudad que alojará los juegos olímpicos de 2.020. Nos hemos perdido el patético discurso de la alcaldesa. Días después lo vería y me cuadraría todo. Estos politicuchos de hoy en día, el que no es un ignorante rematado es un ladrón. Así nos va.

Hoy hemos pasado por Portilla de la Reina, Barniedo de la Reina, Los Espejos de la Reina, Boca de Huérgano, Riaño, Burón, Lario, Uña, Puerto de Tarna, Puerto de las Señales, Collado Pinzón, Isoba, Puerto de San Isidro, Estación de Esquí de San Isidro, Collado de las Agujas, Puerto de Vegarada, Redipuertas, Cerulleda, Lugueros.

martes, 1 de octubre de 2013

Día 5. Sotres - Portilla de la Reina. 71,83 Km

Kilómetros: 71,83
Distancia ascendiendo: 35,39 km
Desnivel acumulado positivo: 3.170,50 metros
Porcentaje máximo de subida: 30,75%
Porcentaje máximo de bajada: 57,62%
Tiempo pedaleando: 6:31 horas
Tiempo ascendiendo: 4:18 horas
Vel. media en movimiento: 11,02 km/h
Vel. media total: 6,76 km/h
Vel. máxima: 57,67 km/h
 En la Casa de la Llomba
 Nuestra Señora de las Nieves

 Subiendo San Glorio
 Puerto de San Glorio

Subiendo a Puertos de Áliva
Vegas de Toro desde Vao Jurniello













Anoche nos acostamos lloviendo y hoy amanece igual. La predicción de hoy es de lluvia. No madrugamos para recuperar algo de fuerzas tras el día exigente de ayer y a la espera que escampe algo. Desayunamos y preguntamos dónde hay una tienda para comprar algo que poder comer más adelante. Como el pueblo es bien pequeño y no vemos la tienda, enseguida nos salimos del pueblo. Damos un poco para atrás y preguntamos a uno que está en la puerta del hotel Peña Castil. Resulta ser el dueño y se presta muy amable a hacernos unos bocatas y dice que también tiene plátanos. Lo aceptamos y mientras lo prepara nos dice que hay un albergue al que podemos ir a sellar. Vamos al albergue y vemos que tiene una pinta muy buena. Entretanto empieza a llover de nuevo y volvemos a demorar la salida hasta que pare un poco.

Damos el pistoletazo de salida tardísimo, casi a las diez. Ya de camino le pregunto a Luis cuánto le ha cobrado por los dos bocatas y los plátanos y me dice que 12 €. Vaya con el amable; resulta que además es un vivo. Si me pretende cobrar a mí los 12 € le devuelvo los bocatas. Nos ha cobrado cada plátano a un euro cuando anteayer compré cinco por euro y medio. Pero hombre, que no se puede robar a un peregrino. Aunque en este caso la culpa es nuestra por dejarnos robar.

La lluvia ahora nos respeta pero está todo cubierto por nubes muy bajas y no se ve prácticamente nada a nuestro alrededor. Lástima, estar en mitad de Picos de Europa y no ver ni media ladera es una pena.

El camino hasta Vegas de Toro es bastante llevadero; va subiendo, pero poco a poco. A partir de ahí la cosa cambia y la pendiente crece considerablemente. Pasamos por Piedra Llé pero no la vemos de la niebla que nos envuelve. Y así seguimos, medio empujando y medio pedaleando, hasta hacer cota en los Puertos de Áliva. Son las 12:15, estamos a 1.440 metros y llevamos sólo 7,5 kilómetros. Tampoco me preocupa mucho lo poco que llevamos a estas horas porque sé que a partir de ahora todo es bajada hasta Espinama y después ya solo nos tocará hacer la subida a la Remoña y bajar Pandetrave hasta Posada de Valdeón.

En una de las paradas subiendo a Puertos de Áliva le comento a Luis que podemos estar tranquilamente a las 13:00 en Espinama, tardar dos o tres horas en subir Remoña (creo que hay bastante cuesta y habrá que volver a empujar un buen tramo) parando a comer a mitad de la subida para reponer fuerzas, y estar en Posada de Valdeón hacia las 17:00 a más tardar. Como la etapa está planificada en unos 40 kilómetros, nos da tiempo a hacerla de sobra por mucho que haya que empujar.

El camino se divide en dos: a la derecha sigue subiendo algo más hasta el refugio y la plataforma superior del teleférico de Fuente Dé. Mi idea era llegar hasta allí, pero nos está lloviendo y hay mucha niebla. Así no vamos a ver nada y no compensa. Tomamos el camino de la izquierda que sigue subiendo ligeramente hasta llegar a la Ermita de Nuestra Señora de las Nieves, o Santuca de Áliva. Son las 12:30, a 1.490 metros de altitud y llevamos 9 km.

A partir de ahí el sendero que seguíamos se convierte en pista forestal ancha y con el suelo bien compactado. Y empieza la bajada fuerte. Pasamos por las Portillas del Boquejón y los invernales de Igüedri. Aquí ya nos deja de llover y la niebla la vamos dejando en las zonas altas de donde venimos, pero sigue todo muy cubierto y puede seguir lloviendo en cualquier momento.

Al llegar a Espinama son las 13:05 y llevamos 14 km. Ahora toca subir 3 km hasta Fuente Dé por carretera y desde ahí subir los 14 km de la pista de la Remoña para enlazar con el alto de Pandetrave. Ahora no llueve, pero es seguro que en La Remoña hay niebla e igual llueve. Luis le teme más que a un nublado otra subida de kilómetros y kilómetros de empujar lloviendo y me dice que prefiere no subir, que nublado no vamos a ver nada, que lloviendo aún menos, y que así no compensa empujar. A mí tampoco me resulta indispensable subir La Remoña si hay niebla. La alternativa es dar una vuelta grande por carretera regresando a Potes y ascendiendo el puerto de San Glorio para después seguir subiendo otros 7 kilómetros el puerto de Pandetrave. Desde Potes hasta San Glorio no sé la distancia que hay, pero me hago la suposición que serán unos 20 kilómetros de carretera muchos de ellos en subida. Además de ser todo carretera, igual por allí no llueve. Así que en vez de subir hacia Fuente Dé empezamos a bajar por carretera de nuevo en dirección Potes para poder tomar la carretera de subida a San Glorio.

La bajada es rápida porque si ya desde la ermita de Nuestra Señora de las Nieves habíamos bajado 600 metros hasta los 890 metros de altitud de Espinama, hasta Potes vamos a bajar casi otros 600 más. El cambio de ruta por no subir La Remoña supone que todo lo que hemos subido entre ayer y hoy lo vamos a deshacer en escasamente 2 horas.

Bajando paro unas tres veces a esperar a Luis. Me sorprende también esperarle en bajada por carretera, pero está con los cascos del móvil, supongo que hablando con Sonsoles, y va lento. Y yo voy un poco preocupado porque sé que con el cambio de ruta nos hemos de hacer al menos 20 kilómetros extra con dos puertos de montaña, con lo que supone de tiempo extra y esfuerzo necesario para hacerlo. Y si además nos llueve, para qué las prisas.

Entre los sitios en los que paro esperando a Luis lo hago en el mítico restaurante El Oso y la última parada la hago en Camaleño porque veo que está abierto el ayuntamiento. Son las 13:50 y llevamos 27,5 km. Cuando llega Luis entramos a sellar y pregunto a unas chicas que nos atienden por la distancia exacta desde Potes a San Glorio. La expresión me cambia algo cuando nos dicen que son algo más de 30 a los que hay que añadir otros 5 hasta enlazar con Pandetrave, y que si estamos locos dando esa vuelta por no subir La Remoña. Incluso nos dicen que desde Cosgaya sube una pista directa hasta el mirador del Oso del puerto de San Glorio. Luis me dice que si hay que dar tanta vuelta convirtiendo la etapa en casi 80 kilómetros con puertos, que subamos por la pista de Cosgaya. Le miro raro y le digo que no acabamos de bajar 600 metros por no empujar en La Remoña para tener que hacer ahora más subida con más empujones que en La Remoña. Porque la subida que nos dicen hasta el mirador del Oso la hice yo hace 30 años en moto y a la moto le costaba subir en primera (iba también mi mujer y el equipaje, pero es que recuerdo que la cuesta arriba es del quince), y como me acordaba de aquello me negué en redondo.

Luis al habla con Sonsoles me dice que ella está mirando el mapa y que podemos ir a Riaño. La situación en ese momento me excede porque denota que Luis no sólo no se había preparado físicamente sino que tampoco había mirado nada del recorrido. Y eso indicaba que cuando en Espinama me dijo de evitar La Remoña realmente no tenía ni idea de si había alternativa y si era viable o no. Si llego a saber que lo decía sin criterio, no dudo en que hubiéramos subido La Remoña. Además lo de ir a Riaño significaba renunciar a uno de los trayectos más bonitos de toda la ruta que había planificado con tanto cuidado desde hacía meses: la subida que al día siguiente teníamos que hacer desde Posada de Valdeón al puerto de Panderruedas, al Pontón y cruzar el Pármade. Así que que con un tono ciertamente desagradable le contesté que teníamos que llegar en el día a Posada de Valdeón sí o sí. Disculpa Luis que en ese momento contestara de mala forma.

Así que volvimos a montar en la bici y nos llegamos hasta Potes, donde reaparecemos a las 14:25 y tras 35 kilómetros recorridos. Sin pararnos, tomamos la carretera que desde Potes se encamina hacia el Puerto de San Glorio. Yo me estaba imaginando que tendríamos unos 20 km hasta empezar el puerto y unos 15 más de puerto, pero la realidad que comprobaríamos desde ese instante es que bien se podría considerar puerto los 35 kilómetros, porque desde el mismo Potes la carretera no para de subir ni un instante. !Y después había que subir Pandetrave y aún no habíamos comido!. Vaya panorama.

Empezamos a hacer kilómetros cogiendo cada uno su ritmo, Luis el suyo y yo el mío. Yo cada poco voy mirando a ver si Luis no se retrasa mucho porque voy con la angustia continua de que nos queda mucha subida, pocas horas y poco Luis. Llegamos a Vega de Liébana a las 15:00 tras 42,5 kilómetros. Ya llevamos recorrida la distancia inicialmente planificada y aún estimo que nos quedan al menos 30 más por esta nueva ruta. Paramos a comer algo rápidamente y volvemos a salir a las 15:40.

A unos 3 kilómetros llegamos a Vada y Bores, que es donde ya la cuesta empieza a empinarse de verdad y empiezan los 16 kilómetros que sí pueden considerarse puerto con rampas fuertes.

Trato de ir parando cada poco para esperar a Luis. Sé que va muy justo pero el tío va sacando casta y sigue subiendo por lento que vaya. Hay tramos que ya empieza a bajarse de la bici para empujar pese a que las rampas no lo demanden; signo inequívoco de que pese a haber comido las fuerzas le están abandonando.

Excepto por un par de pueblos muy pequeños por los que se pasa casi al lado, en toda la subida no se pasa por sitio poblado alguno. Comienza a llover con insistencia y las nubes bajan. La subida, con tanta cuesta, tanto cansancio acumulado, lloviendo y sin ver la carretera 300 metros delante de donde estás, se hace mucho más penosa aún. A mitad de subida, en una de las varias paradas que hice para no perder a Luis definitivamente de vista, hay una marquesina de una parada de autobús donde logro cobijarme. Ahí estoy protegido del viento y la lluvia y cuando llega Luis comemos algunos frutos secos que Luis había llevado al Camino. En lo que resta de subida, las veces que paro echo de menos la marquesina. En esas paradas, como llueve, trato de parar debajo de algún árbol frondoso que me proteja algo, pero como voy mojado y hace frío siempre acabo empezando a tiritar al poco, por lo que me conformo con ver a Luis allá a lo lejos pero no espero a que me alcance para evitar quedarme congelado y coger un costipado que arruine el resto del Camino.

En las paradas que hago me da tiempo a tomar consciencia de que Luis hará un esfuerzo extraordinario logrando subir San Glorio y que no puedo exigirle subir después Pandetrave. Al haber haber pasado en otras ocasiones por aquí recuerdo que en Portilla de la Reina hay un albergue y tomo la decisión de que ese sea nuestro nuevo destino de hoy. Eso significa que renunciamos definitivamente a Posada de Valdeón y que mañana habremos de continuar hasta Riaño y dirigirnos en dirección a la base del puerto del Pontón para retomar desde ahí la subida al puerto del Tarna por Burón, Lario y Acebedo. Con este nuevo planteamiento, al saltarnos Panderruedas y Pármade, acortamos el viaje un día si mañana logramos salir temprano y hacer los aproximadamente 20 kilómetros extra que supondrán el tramo entre Portilla de la Reina y Burón, que son mayoritariamente llanos o cuesta abajo. Eso hará que la etapa de mañana tenga más de 90 kilómetros en los que habrá que subir los puertos de Tarna, Señales, Collado Pinzón, San Isidro, rematar con la subida al Collado de las Agujas de la estación de esquí de San Isidro y bajar por el puerto de Vegarada hasta Lugueros. ¡Si ya llevamos una fenomenal paliza encima, lo que aún nos espera mañana no desmerece en absoluto!

Por fin a las 19:40 corono el puerto tras 62 kilómetros recorridos. En la cima me encuentro a una pareja. Para evitar quedarme quieto y congelarme mientras espero a Luis, me pongo a hablar con el chico y a hacerles fotos. Son canadienses de Vancouver y están aquí porque él hizo hace unos 20 años mucho del camino que nosotros estamos haciendo ahora. Es una lástima que haga tan mal día porque no puede contemplar el paisaje, pero a mí me sirve para aguardar a que Luis llegue. Lo hace poco antes de las 20:00. Estamos ya en San Glorio los dos tras haber tardado 5 horas, si quito la media hora de parada para comer, en hacer los 35 kilómetros desde Potes. Por lo que me dice ha pasado las de Caín; pero aquí le tengo, ha hecho cumbre como un machote. Le digo lo de no hacer Pandetrave e ir a Portilla de la Reina, lo que recibe sin poder mover una pestaña tanto por las siete capas de ropa que lleva puestas como porque los músculos ya no le pertenecen, y comunica por línea interna de forma inmediata a Sonsoles quien nos hace el favor de localizar el teléfono del albergue que recuerdo para poder llamar y comprobar que esté abierto.

La bajada hasta Portilla de la Reina la hacemos rápidamente y como ha parado de llover la ropa se nos seca un poco con el viento. Llegamos a destino a las 20:30 tras 71 kilómetros. Segundo día consecutivo que llegamos a destino casi anochecidos.
 
El albergue es más bien un hotel rural. De hecho el dueño resulta que conoce a Eusebio, el dueño de las casas de turismo rural de Lugueros a donde pretendemos llegar mañana. La habitación es pequeña pero confortable; las bicis las dejamos en un cobertizo; los cuerpos los hacemos pasar por la ducha y casi sin solución de continuidad el hostelero nos hace cenar a la vez que otra pareja de andarines que también tiene alojados hoy.

En el pueblo no hay nada que hacer y como el cansancio es grande y mañana hay que madrugar para meterse otro palizón, ponemos el despertador para despertarnos a las 7 y nos metemos en la cama a roncar rápidamente.

Hoy hemos pasado por: Sotres, Vegas del Toro, Puertos de Áliva, Ermita de Nuestra Señora de las Nieves, Espinama, Las Ilces, Cosgaya, Areños, Enterría, Camaleño, Baró, La Frecha, Beares, Turieno, Mieses, Potes, Valmeo, Naroba, Vega de Liébana, Vada, Bores, Enterrías, Puerto de San Glorio, Llávanes de la Reina, Portilla de la Reina.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Día 4. Potes - Sotres. 42,57 Km

Kilómetros: 42,57
Distancia ascendiendo: 21,02 km
Desnivel acumulado positivo: 2.308,70 metros
Porcentaje máximo de subida: 41,25%
Porcentaje máximo de bajada: 27,17%
Tiempo pedaleando: 4:48 horas
Tiempo ascendiendo: 3:13 horas
Vel. media en movimiento: 8,88 km/h
Vel. media total: 3,69 km/h
Vel. máxima: 55,31 km/h


Lignum Crucis
A media subida de Collado Pelea
Collado Pelea
Subiendo hacia Sotres
Puerta Santa de Santo Toribio
Peña Ventosa desde Pendes
Subiendo el Collado Pelea
Collado Pelea
Bejes desde Collado Pelea
Bejes subiendo hacia Sotres
Hayedo en el Vao de los Lobos
















El día anterior había sido extenuante y nos habíamos dejado pendiente la visita a Santo Toribio de Liebana. Hay que visitar el monasterio, ver el lignum crucis y solicitar la Lebaniega.

Ayer en la Oficina de Turismo ya nos dijeron que hasta las diez no abrían, asi que hoy no toca madrugar.  Aunque la etapa es relativamente corta en kilometraje, es muy montañosa. Además la planificación inicial era deshacer por carretera el desfiladero de la Hermida, 17 km de bajada, para poder visitar la iglesia de Lebeña y atacar los aproximadamente 25 km de muy exigente subida por Bejes hasta Sotres.

Pero también en la Oficina de Turismo nos propusieron una alternativa: en vez de hacer el desfiladero podíamos desviarnos en Tama para subir por carretera local hasta Pendes y Cabañes. Y desde ahí por pista subir el puerto de Cabañes y el collado Pelea. Nos dijeron que la subida era más facil que la carretera de Bejes y mucho más bonita. Seguir la recomendación del día anterior por la Braña de los Tejos resultó nefasta, pero la idea de quitarnos toda la carretera del desfiladero de La Hermida nos sedujo y nos propusimos volver a hacer caso de una nueva recomendación de cambio de ruta. El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

Como ya dije nos levantamos sin madrugar con la idea de llegar a Santo Toribio a las 10:00. Salimos del albergue casi a las 9:30 para hacer los 4 km que hay hasta el monasterio. Todos de subida fuerte. Eso sí, como teníamos que volver a Potes, dejamos las alforjas en el albergue para recogerlas después. Vaya si se nota que la bici sube mucho más fácil sin el peso de las alforjas.

Llegamos al monasterio a las 9:55. Mejor planificado imposible. No hay nadie. Aguardamos a que abran y el encargado de la iglesia nos comenta los datos más relevantes del lignum crucis y nos lo enseña. Bien bonito lo tienen. Vemos el claustro, sellamos, nos registramos para que nos manden la Lebaniega cuando tengan a bien y nos volvemos de nuevo a Potes a recoger las alforjas y dejar cerrado el albergue. Cristophe, lógicamente, se había marchado hacía ya tiempo, antes de que nos despertáramos.

Al poco de salir de Potes, ya completamente pertrechados, paramos a desayunar en Ojedo, en el Peña Sacra. Tienen un frontal precioso, con una balconada corrida llena de flores muy coloridas. Cuando estamos desayunando oímos en la calle ruido de agua como si estuviera cayendo desde algún desagüe. Al terminar de desayunar y salir a coger de nuevo las bicis compruebo que el ruido de agua era que estaban regando las flores de la balconada. Y lo hacían como los romanos en las Médulas, por inundación y derrumbe. El/la que había regado lo había hecho como si no hubiera un mañana y sin ver si debajo había algo. Y lo que había era mi bici. Mis alforjas están empapadas y el saco de dormir también. Blasfemo en alto para que el hijo de satanás que lo haya hecho tenga más cuidado y se fije la próxima vez. Pero seguro que no servirá de nada, la gente es así de indolente y maleducada.

Desayunamos en escasa media hora, pero con todo ya son las 11:30 y los 8 kilómetros de etapa que llevamos son los que tendríamos que haber hecho ayer por la tarde. Así que estamos a media mañana y sin vender una escoba. La etapa es corta pero exigente, con  mucho ascenso, mucha pista y muchas pendientes incluso de mayor porcentaje que ayer. Y el tiempo tan soleado y caluroso de los dos días anteriores parece que cambia. Ahora solo está algo nublado, pero hoy nos adentramos en el corazón de los Picos de Europa y tenemos que ganar más de 1.000 metros de altura. Ya veremos lo que la tarde nos deparará.

Tal y como nos aconsejaron, en Tama nos desviamos para seguir por carretera local hacia Colio, Pendes y Cabañes. La subida por aquí, tal y como nos dijeron, es por ahora bastante menos exigente que la subida a Bejes desde La Hermida. Con todo la tónica de la marcha sigue siendo la misma de los días anteriores con Luis a un piñón y medio menos, haciendo funcionar el molinillo en cuanto se barrunta una cuesta arriba a lo lejos.

En Pendes paramos un rato a hablar con unos paisanos y reponer agua fresca en la fuente. Nos avisan que la carretera se acaba un poco más adelante, en Cabañes, y que sudaremos tinta en la subida hasta el collado Pelea que se hace por pista. Son las 12:30 y llevamos hechos 16 kilómetros. Como de nuevo hemos cambiado el track planificado no tengo idea exacta del kilometraje que nos resta, solo puedo hacer meras suposiciones calculando línea recta en el mapa y añadiéndole algún kilómetro extra.

Antes de llegar a Cabañes volvemos a encontrar a Cristophe en mitad de uno de los muy hermosos castañares milenarios que jalonan toda la ruta desde Colio. Ya lleva hechos unos buenos kilómetros para ir andando y cuesta arriba. Nos despedimos de nuevo de él y seguimos hasta Cabañes. Cabañes está al pie de un farallón rocoso y allí termina la carretera. Según íbamos acercándonos iba mirando de un lado al otro de la montaña tratando de discenir por donde seguirá la ruta para evitar el farallón, pero no logro adivinar nada. Y no lo hago porque lo que hace la pista que va a Bejes es repechar por cuestas imposibles el farallón que veíamos.

En Cabañes hay un albergue en el que tratamos de sellar, pero está cerrado. Si Cristophe se había propuesto quedarse hoy aquí tendrá que hacer unos kilómetros extra y tratar de llegar hasta Bejes.

Salimos de Cabañes por la pista que arranca en el mismo centro del pueblo. Lo hacemos directamente empujando. La cuesta arriba es tela marinera. Son las 13:20 y llevamos hechos 20 km. Justo antes de iniciar nosotros el ascenso vemos que también lo inician una pareja de andarines. Ellos no tienen que empujar ninguna bici lastrada con 15 kilos en las alforjas. Van al doble de velocidad y se cansan mucho menos por lo que apenas han de parar a recuperar el resuello. Alcanzarán el collado Pelea muchísimo antes que nosotros.

Tras sudar la gota gorda y vaciarnos de fuerzas una vez mas, logramos alcanzar el collado Pelea a las 15:00. La subida desde Cabañes han sido escasos 3 kilómetros, pero hemos tardado hora y media en hacerla. Si ayer hacíamos medias de menos de 3 km/h, hoy batimos tan espeluznante marca y bajamos de los 2 km/h.

Estamos a 1.000 de altura. Desde el collado Pelea vemos detrás nuestro el desfiladero de la Hermida, la imponente mole de Peña Ventosa y el collado Pasaneu que cruzamos ayer. Viéndolo desde aquí me parece poco menos que imposible que ayer cruzáramos con la bici por un sitio tan alto y escarpado.

Y delante nuestro tenemos el corazón de los Picos de Europa. Delante nuestro, a mucha menos altura de la que estamos, vemos Bejes allá abajo y, más o menos a nuestra altura, al fondo, Tresviso. El paisaje es simplemente espectacular. Desde aquí vemos los primeros kilómetros de la pista que sube desde Bejes hacia Sotres y que habremos de tomar después de comer en Bejes (ni en Pendes ni en Cabañes hay nada donde poder comer algo). Después de todo lo que nos hemos subido ayer y hoy, nos parece una puñeta ver que tenemos que bajar mucho de lo que acabamos de subir para llegar a Bejes, para tener de nuevo que volver a subirlo en el posterior camino a Sotres por la tarde. Pero esto es la montaña; hay que disfrutarlo por mucha exigencia física que demande.

Y aunque el paisaje merecería quedarse allí horas y horas disfrutando de la vista, hemos de llegar lo antes posible a Bejes para tratar de comer algo. Ya faltaría que no encontráramos nada con las horas que eran. Porque además hasta Sotres no hay ni pueblos ni nada de nada más que montaña y más montaña.

Cabañes está a una altitud de 555 metros (Potes a 300 metros). El collado Pelea a 1.000 metros. Y Bejes está a 600 metros. Tenemos por tanto que bajar casi la misma altura que acabamos de subir. Desde el collado Pelea hasta Bejes hay casi 3,5 kilómetros.

Si la subida ha sido de llevar crampones en la bici, la bajada es espeluznante. De nuevo hemos de hacer tramos bajados de la bici porque la pendiente unida a la inercia produce el peso de las alforjas hace que la bici se embale en la tierra y no hay frenos que la hagan parar.

En mitad de la bajada nos encontramos a un tío que está subiendo empujando una bici. Está nadando en un mar de sudor. La escena es de risa: en mitad de un cuestón, nosotros bajados de la bici para no despeñarnos y él bajado de la bici empujando para poder subir. Es inglés y empezamos a charlar un rato. Al poco aparece una chica super rolliza, roja como a punto de estallar, empujando otra bici. Se trata de la mujer del inglés. Si ya me parecía una proeza que el tío estuviera tratando de subir la cuesta, me quedo flipado con la inglesa. Le digo que es mi heroína, de la buena, no de la droga, y le propongo matrimonio para cuando enviude. Del esfuerzo que estaba haciendo la probrecita mía tenía en ese momento la misma foto que la cerdita Peggy a punto de ser sacrificada. Lo que es el amor a esas edades. Están alojados en Potes y esta mañana subieron temprano al teleférico en Fuente Dé y están haciendo la misma ruta que nosotros, pero en dirección contraria a la nuestra.

Llegamos a Bejes a las  15:50. En el único bar que hay nos dicen que nos pueden dar de comer un buen plato de embutido. Regado con unas buenas cervezas nos sienta de maravilla. Mientras estamos comiendo empezamos a oir tronar bastante fuerte. Los paisanos que están con nosotros nos avisan que la tormenta viene justo en la dirección en la que tenemos que ir después. No pinta nada bien.

Casi al acabar aparece Cristophe. Bien machote. Le ofrecemos terminar de nuestro plato de embutido y vamos al albergue del pueblo. Él para alojarse y nosotros para sellar. Justo cuando vamos a querer salir empeizan a caer las primeras gotas. Decidimos esperar un momento para ver si es una tormenta pasajera y escampa pronto porque vemos pasar las nubes con velocidad. Pero empieza a llover a cántaros y decidimos esperar para no empaparnos.

Cuando parece que quiere clarear algo y aparenta chispear escasamente decidimos salir. A ver si hay suerte. Son las 17:23. Tampoco podemos esperar más porque hemos de subir aún mucho, la noche se echará rápidamente y hasta el destino de hoy no hay nada más que montaña, sin pueblos ni sitios donde refugiarse. Hay que llegar como sea. Yo me acuerdo de la madre del que me ha mojado el saco esta mañana pensando en si acaso nos hemos de quedar en mitad de la montaña a hacer noche porque no alcancemos Sotres de día.

Como al kilómetro de salir Luis se da cuenta que justo antes de irnos de Bejes había vuelto a deponer su actitud y allí se había dejado olvidado el casco. Este Luis es el despiste personificado; otro día a media mañana tuvo la sensación de haberse olvidado el saco en el albuergue donde habíamos dormido (eso será el día que dormimos en Mansilla de las Mulas) y cuando me lo dijo le comenté que se cerciorara para si se lo había olvidado deshacer el camino y regresar a por el saco, pero me dijo que prefería no mirar y seguir ya que llevábamos dos horas pedaleando en la esperanza de no habérselo dejado (al llegar al destino ese día y abrir las alforjas vio que no se lo habái olvidado).

Bueno, pues si ya íbamos tarde, ahora aún más. Luis se baja andando de nuevo hasta el pueblo (va andando para evitar subir otra vez con la bici el tramo que ya habíamos hecho porque de veras que se sube más rápido a pie que empujando la bici por esos cuestones) y yo me quedo allí esperándole mientras no hago más que otear el cielo viendo si la lluvia nos respeta y si se meten más nubes negras de tormenta o no. Veo allá abajo a Luis llegar al pueblo y le veo al poco subir a pie. Hay suerte porque enseguida sale un todoterreno del pueblo y veo que Luis se tira al todoterreno para que le suban. Monta en el todoterreno y en un periquete llegan a mi altura con Luis en el asiento de atrás y el casco puesto. Lástima no haber visto antes que no se había quitado el casco  y haberle sacado una foto allí sentado con el casco puesto dentro del todoterreno y con cara de felicidad. Igual que un niño pequeño en una película de David Lynch..

Reanudamos la subida habiendo perdido solo 15 minutos en el rescate del casco gracias al todoterreno. La lluvia parece que nos va respetando. Hay nubes por todos los lados, nada que ver con el día de ayer.

La subida continúa hasta poco antes de llegar al Vado de los Lobos. En ese punto la pista se bifurca en dos; la izquierda sigue escalando hacia La Andara y las minas abandonadas de La Mazarrasa; la de la derecha llanea algunos kilómetros por un bonito hayedo en dirección Sotres. Son las 19:30 y llevamos hechos 32,6 kilómetros.

Como desde que pasamos por Tama, hace ya muchas horas, no he vuelto a tener cobertura en el móvil y viendo que aquí sí la tengo, llamo al sitio donde tengo reservada la habitación en Sotres para advertir que llegaremos tarde pero que llegaremos como sea. Hotel La Perdiz, según se entra al pueblo en nuestro sentido. La señora me contesta que no recuerda esperar a nadie con reserva hecha. Uy, uy, uy, uy. Cuando le digo que somos los de las bicis y le doy un par de pistas más, entonces lo recuerda y me dice que ya recuerda y que tenemos la habitación sin problema. Uuuuffffff, qué momentazo he pasado de acongoje.

Tomamos la pista de la derecha, atravesamos el hayedo y de nuevo otro tramo de 3 kilómetros de repecho hasta alcanzar la carretera que une Sotres con Tresviso. Estamos a 1.300 metros de altitud justo en el límite entre Cantabria y Asturias. Bejes es cántabra y Sotres asturiana. Son las 20:30. El sol está empezando a desaparecer. Por lo menos desde aquí, aunque anochezca, alcanzaremos Sotres sin problema alguno porque está sólo a 4 kilómetros que se hacen en bajada y por carretera. Luis aparece a los diez minutos. Aún le queda un hilo de vida y de voz para estar hablando con Sonsoles por teléfono mientras empuja la bici. Igual le está dictando el testamento.

Los 4 kilómetros que nos quedan hasta Sotres los hacemos ya con el relajo de sabernos a punto de llegar a destino y poder descansar. Llegamos a Sotres a las 21:00. Pedazo de ducha, pedazo de fabada para cenar por haber llegado a Asturias vivos y al catre, que mañana hay que hacer mucha montaña de nuevo. No hay fuerzas ni para pasear diez minutos por el pueblo. Nos estamos superando cada día que pasa, de un día para otro hacemos más desnivel acumulado de subida y de mayor porcentaje. De esta salimos con las piernas duras como robles. Las predicciones del tiempo para mañana son muy malucas.

Hoy hemos pasado por: Potes,  Monasterio de Santo Toribio de Liebana, Ojedo, Aliezo, Tama, Colio, Pendes, Cabañes, Collado Pelea, Bejes, Vao de los Lobos, Sotres.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Día 3. Quintanilla - Potes. 30,23 Km

Kilómetros: 30,23
Distancia ascendiendo: 14, 66 km
Desnivel acumulado positivo: 1.450,60 metros
Porcentaje máximo de subida: 31,57%
Porcentaje máximo de bajada: 27,55%
Tiempo pedaleando: 3:59 horas
Tiempo ascendiendo: 2:57 horas
Vel. media en movimiento: 7,56 km/h
Vel. media total: 3,46 km/h
Vel. máxima: 51,63 km/h

Llegando a Balaconcha
A punto de coronar Collado Pasaneu
Cenando en Potes
Pasado Traslaventa con el mar al fondo
Vista desde la fuente del Ajoto

Torre de Potes desde el albergue











El día amanece claro y soleado. A lo largo del día se convertirá en extremadamente caluroso y húmedo, lo que unido al exigentísimo esfuerzo físico que tuvimos que hacer se convirtió en uno de los días más duros de toda la ruta.

Pero eso no lo sabíamos aún y a lo que nos habíamos hecho idea es a que el día era bueno y a que la ruta que nos habían propuesto era bonita y corta, de unos 30 km, por lo que nos perjeñábamos un día de disfrute sin mucha novedad. El extremado calor que afrontaríamos, la subida al collado Pasaneu, las incidencias mecánicas, la falta de pueblos en la práctica totalidad del recorrido, la falta de fuentes y no sé cuantas cosas más convirtieron el día en un aténtico tormento. Tormento que sólo se veía medianamente compensado por los inigualables paisajes que teníamos a nuestro alrededor; paisaje que pudimos disfrutar repetidamente debido a las continuas paradas que teníamos que hacer para recuperar el resuello cada vez que la ruta nos obligaba a llegar prácticamente a la extenuación.

Como el día pintaba muy bien, hoy nos hemos dado el capricho de levantarnos un poco más tarde.El despetar se vio acompañado de un ruido tremendo que hacía una pala retroexcavadora que andaba picando la carretera para soterrar unos tubos justo a los pies de nuestra ventana. Si hubiéramos querido dormir más hubiera sido imposible. Entre desayunar y recoger, al final empezamos a dar pedales a las 9:15.

Nada más salir de Quintanilla cogemos una carretera local en continua y fuerte subida que nos hace ir en dirección Río y Cires. La subida hasta Cires la hacemos sin ninguna incidencia. A la entrada de Cires hay unos paisanos que nos indican por donde se coge la pista hacia la Braña de los Tejos y que nos señalan, muy alto y muy lejos en el horizonte, por donde pasaremos una vez concluyamos toda la subida. Y parece realmente alto y lejos.

Salimos de Cires a las 10:50 cuando sólo llevamos recorridos 5 km. Pero según el kilometraje esperado sólo nos quedan 25 km para llegar a Potes. La cosa en cuestión de kilometraje pintaba muy fácil, pero viendo las montañas que teníamos delante nos hacía ser prudentes y tomarlo con calma.

A escasos 300 metros de salir de Cires, y en un tramo de no mucho desnivel de ascenso tras pasar un paso canadiense, la cadena se me rompe.  ¿Cómo es posible?. Me la cambiaron en la revisión previa a iniciar el Camino sin necesidad real de tener que hacerlo. Y resulta que no aguanta ni las primeras subidas realmente exigentes y habiendo rodado con ella escasos 100 km. Cuando Sebas me hizo la revisión y me dijo que había cambiado la cadena porque siempre es mejor llevarla sin desgastar, me acuerdo que le pregunté machaconamente que si la había remachado bien y me dijo que sí, que sin problema. Joder, si le tengo delante le rajo.

Luis saca enseguida su tronchacadenas y unos eslabones que tiene de recambio. Luis parece una mujer (al menos se parecía a la mayoría de mujeres) porque lleva de todo aunque no sabe muy bien cómo usarlo. Además lleva unos eslabones de enganche. Yo también llevo eslabones, pero Luis se me adelanta en sacarlos porque yo ando apretando los puños del cabreo monumental que tengo. Gracias Luis por el material que me permitió arreglar la cadena y proseguir la ruta.

Con el tronchacadenas quito el eslabón mal remachado por Sebas y que se ha doblado al romperse. Pongo el eslabón de recambio y miro si aquello tiene pinta de funcionar. Aparentemente fuinciona por lo que seguimos ruta en medio de mis continuas blasfemias. La realidad es que el arreglo de la cadena me aguantó todo el Camino, pero la cadena se me estuvo saliendo constantemente cientos de veces. Y se salía en el peor momento: cuando trataba de meter el piñón grande con el plato pequeño. Yo solo meto eso cuando me falta un pelo para tener que poner pie en tierra poque estás afrontando una cuesta arriba tan pronunciada que resulta casi imposible dar pedales. Es decir; que la cadena se me estuvo saliendo de continuo justo en los peores momentos. El arreglo de cadena nos demora 20 minutos.

La pista en sus primeros kilómetros está hormigonada. Pese a ello son muchas las veces que tenemos que echar pie a tierra y empujar porque la cuesta arriba es imposible subirla dando pedales con las alforjas. Cuando la pista deja de estar hormigonada, pasado los invernales de Balaconcha y tras pasar el collado de Traslaventa, la pendiente de subida crece y los empujones a la bici también crecen en proporción directa.

Antes de llegar al collado de Traslaventa, tras 9 km de etapa y siendo ya las 12:15 (3 horas para hacer 9 kilómetros), hay un paisano cogiendo manzanilla para hacerse infusiones. Es un señor mayor con el que me paro a hablar unos minutos. Me habla de lo distinta que es la vida ahora y antes. De cuando de niño tenía que estar todos los días, nevara o hicera calor, subiendo y bajando por la Braña de los Tejos, Cires y Sobrelapeña,para llevar de un lado a otro el ganado y tratar de ir al colegio. La realidad es que la mitad de los días estaba en la montaña con el ganado y eran pocos los días que podía ir al colegio.

Y viendo mi bici, y lo pertrechado que voy con las alforjas, me habla de la época del estraperlo en la que un amigo suyo, con pocos años de edad y una bici de las de entonces sin cambios y sin nada, se iba de noche hasta Cervera del Pisuerga cruzando de noche por las montañas sin luces para que la Guardia Civil no lo viera. Desde Cires hasta Cervera en línea recta igual no hay menos de 50 kilómetros, cruzando las montañas de Fuentes Carrionas donde había todo tipo de animales y con alturas más que considerable y pendientes imposibles de subir para un adulto.

El ir a Cervera era para hacerse con un saco de 100 kilos de harina de estraperlo, echarlo a la bici y regresar de nuevo en la misma noche a casa. ¡Un niño!. Señalándome la pendiente me sigue diciendo el señor que sabía que su amigo, Jesús, había estado esa noche en el estraperlo de Cervera porque con las cuestas abajo y un saco de 100 kilos no había frenos que lo soportasen, así que admeás el chaval llevaba atada a la bici una cuerda con una especie de ancla que lanzaba en las cuestas abajo para que le frenara y que la inercia de los 100 kilos no le hicera embalarse y estrellarse. El ancla dejaba un surco enorme en toda la ladera y este hombre cuando veía el surco ya sabía que Jesús había venido esa noche de Cervera.

¡Qué hambre y qué esfuerzos pasaron nuestros abuelos y nuestros padres!. Lucharon como demonios para dejarnos una vida mejor que la que ellos tuvieron la mala suerte de vivir. Y esa vida mejor y ese horizonte de bienestar lo están destruyendo a marchas forzadas todos estos políticos ignorantes, iluminados, chupones, guerracivilistas y asquerosos. Mi padre pasó mucho hambre siendo niño. Mi madre sufrió muchos bombardeos siendo niña. Mis abuelos estuvieron en la cárcel mucho tiempo en espera de que los fusilaran. No hace tanto de todo eso y estos anormales que nos gobiernan, y los muy anormales que los jalean y votan, en lugar de estar permanentemente dando gracias y levantando monumentos a quienes dieron toda una vida de esfuerzo y pesares para dejarnos una vida mejor, los quitan de los sitios donde se los recordaba, se empeñan en eliminar su rastro y se empeñan en destrozar lo que con tanto sacrificio construyeron para dejárnoslo a nosotros. ¡Qué lamentable!. Pues de mi memoria, de mi corazón y de mi boca no los quita ninguno de estos mequetrefes.

Siento el ladrillazo, que creo de honor haberlo soltado, y sigo contando la ruta como seguí camino tras despedirme del paisano.

En el collado Traslaventa paramos a comernos lo que el día anterior habíamos comprado en Comillas. El camino aquí se divide en dos y como no llevamos el track de la etapa que estamos haciendo, intentamos hacer cábalas de cuál es el camino a seguir porque ambos aparentan tener una pequeña bajada en ese punto. Y nos decidimos por el que parece orientarse en dirección Potes. Pero en la montaña todo es aparente e ir sin saber es peligroso. Por eso no queremos equivocarnos de camino. Ojalá no nos equivoquemos. Mientras tanto seguimos mirando para arriba tratando de discernir el sitio por donde nos dijeron los paisanos de Cires que habríamos de hacer cumbre. Aún parece estar lejos y alto.

Pasa un todoterreno con un señor y unos niños. Luis pregunta por si sabe donde hay alguna fuente. El calor y la humedad son extremos, el esfuerzo descomunal y la deshidratación ni te digo. Estamos empujando mucho y empujar la bici con las alforjas por pendientes duras conlleva hacer el triple de esfuerzo con la mitad de resultado. Andando se va más deprisa en esos momentos. El del todoterreno nos dice que hay un abrevadero con un hilo de agua al poco y que hay una fuente fresca en una arboleda casi al final de la subida. Y además nos dice que todavía nos queda subir algo menos de lo que llevamos hecho. Y la pista no está hormigonada. Luis se descompone, más aún, sólo de pensar que se puede quedar sin agua. El alimento y el agua ha de tenerlo siempre aunque no lo consuma. Le da el bajón solo con pensar que le falte algo para poder comer o beber.

Así que seguimos dando pedales y empujando a partes iguales esperando encontrarnos con la primera fuente que nos dijo el señor. Y la fuente, bueno es un abrevadero para las vacas, la encontramos a escasos 500 metros. Pero hay como una veintena de vacas. Las vacas tudancas suelen tener cuernos muy aparatosos. Y hay una que está con la cabeza en el abrevadero y como éste es muy estrecho parece haberse quedado encajada con los cuernos justo donde mana el chorro de agua. Luis está en estado de semi desesperación y veo que si la vaca no se retira de inmediato la emprende a puñetazos con ella hasta lograr desencajarla y tener así el chorro de agua disponible.

Finalmente la vaca sale del abrevadero y Luis puede ponerse a horcajadas para beber del hilo de agua que sale. Yo creo que las pelis del Oeste de Clint Eastwood no tienen nada que hacer en comparación con este espectáculo. Aunque el agua no está muy fresca, nos debemos meter litro y pico cada uno. Pasar de la deshidratación al exceso de irrigación no debe ser muy bueno, y menos para los intestinos de Luis dado el momento tan delicado que atraviesan.

Con un poco más de ánimo seguimos ruta. Una ruta que sigue un camino que no termina de subir y que no se alcanza nunca a ver donde hará cota. Sol asfixiante, fuerzas bajo mínimos, deshidratación, vista de cuestas que no paran de subir. El panorama no es alentador pero no hay más remedio que seguir. En algún momento tendremos que hacer cumbre, pero como no llevamos el track, no sabemos si nos queda mucho o poco. Y lo que es peor, con lo que ya llevamos hecho, la perspectiva de lo que nos quede, con que sólo sea como lo ya hecho, es malísima. Parando de continuo vamos procurando hacer metros y metros, más que kilómetros y kilómetros que sería lo normal. Metros y metros que se nos hacen eternos.

De vez en cuando voy parando para esperar a que Luis me alcance. Y el ceremonial es siempre el mismo: Luis para a mi altura, logra decir un "bueno" entre jadeos (que yo interpreto como un "me recontracago en todo"), damos un sorbo, decimos qué bonito día y seguimos con el calvario.

A las 13:49 alcanzo la fuente que se me aparece como la mismísima Virgen entre los espinos. Llevamos 13,5 kilómetros recorridos. La media sigue siendo de echarse a temblar: 4 horas y media para hacer 13 kilómetros.Las vistas siguen siendo impresionantes. Aunque hay mucha bruma por el calor que hace, desde aquí se logra ver San Vicente de la Barquera y el mar. Bebo del agua de la fuente y el agua es muy rica y sale como del frigorífico. Qué refrescante. Tiene un buen caudal pero la bebo a pequeños sorbos para disfrutarla al máximo.

Tras media hora larga de esperar a Luis en la fuente y de que el pobre se haga mentalmente amigo de ella en Facebook y le ponga varios "me gusta", y también de que se tome su debido descanso y reponga los dos bidones de agua que lleva consigo como Gollum lleva su tesoro, seguimos camino a la cumbre allá donde quiera estar. Son las 14:33. La refrescante fuente, que conforma el nacimiento del arroyo Ajoto, aportante junto al de la Venta de los Lobos del río Lamasón, nos da la vida. A Luis vida y media larga, la que estaba a punto de peder y casi otra para lo que resta de día porque ya sabe que tiene de nuevo el nivel de reservas de agua al completo.

Y la verdad es que quiere estar ya cerca. Tras recorrer un kilómetro escaso el camino llanea y podemos empezar a rodar un trecho a 15 km/h y 20 km/h. Velocidades extremas para lo que habíamos podido hacer hasta el momento ese día. Tras un último repecho de volver a empujar hacemos cumbre a las 15:10, después de 6 horas y 16 kilómetros desde el inicio de la ruta de hoy. La media es inferior a 3 km/h. Caminando a un paso normal se va a 4 km/h. La cuestecita no ha sido dura, ha sido lo siguiente. Llevaremos grabado a fuego la Braña de los Tejos. Hoy es mi cumpleaños. Bonito regalo. Luis además está muy bajo de preparación y tiene el estómago más estropeado que las cañerías de la casa del 13 Rué del Percebe. De seguro que su sufrimiento habrá sido el doble que el mío. Tiene mucho mérito.

Estamos a 1.340 metros de altitud. Quintanilla estaba a 250 metros. Ahora toca bajar hasta Tama, a la salida del desfiladero de la Hermida. Tama también está a 250 metros de altitud. Pero la bajada son sólo 10 kilómetros. La bajada es trepidante. Hay tramos que hay que bajarse de la bici porque con la pendiente que hay las alforjas te hacen coger mucha inercia y los frenos se clavan enseguida en la tierra y te hacen derrapar sin remedio y despeñarte. Cuando se suaviza la bajada y aparece de nuevo el asfalto, al entrar en San Pedro y Pumareña, el esfuerzo de la bajada lo notamos por todo el cuerpo: la espalda dolorida de la tensión y la postura, y los brazos y manos agarrotados de estar haciendo fuerza de continuo para frenar todo el rato. Las pastillas de freno están cambiadas antes de empezar el Camino. Ayer casi con solo mirar las manetas de freno la bici se clavaba. Tras esta bajada, en la que algunas veces he olido a chamusquina de los frenos, las manetas ya se hunden hasta la mitad. Con la pendiente que había no me extraña que se hayan fundido la mitad de los frenos.

Seguimos por la carretera, aún en plena bajada, hasta llegar a Tama. Después del día que hemos pasado y como la bajada tiene pendiente, Luis se pone a 50 km/h por todo el centro de la carretera sin darse cuenta que le ha alcanzado un coche y no puede pasarle. El del coche tampoco podrá ir mucho más rápido porque la carretera es sinuosa y ni pita ni hace intento de pasar por encima de Luis.

Y así alcanzamos la carretera del desfiladero de La Hermida a la altura de Tama, a escasos 4 kilómetros de Potes, nuestro destino de hoy. Son las 16:10 y llevamos 26 kilómteros.Decidimos parar a comer en un local al pie de la carretera que a Luis se sonaba de haber estado antes. Podemos sentarnos al lado de la ventana y tener las bicis controladas.

De menú nos ponen una sopa de pescado y un filete. La sopa de pescado es contundente y está riquísima. Me tomo tres platos bien llenos. Luis ha ido de nuevo a poner un telegrama; parece que el estómago no se lo arregla ni el Fortasec; pero es que llevamos todo el día pasando de la deshidratación extrema a beber de repente un litro de agua. Al entrar en el restaurante yo me he bebido del tirón tres latas de cocacola. A Luis el filete no le entra; con solo la sopa el estómago parece haberle dicho que no quiere que entre nada más.

Tras poco más de una hora parados para comer, salimos para llegar a Potes. Lo hacemos a las 17:40. No tenemos reservado nada para dormir. Sabemos que hay un albergue privado porque Sonsoles nos lo identifica, pero al llamar nos dicen que está cerrado. Al llegar a Potes vamos a la Oficina de Turismo, donde nos atienden muy bien, y nos dicen que en la misma plaza del pueblo está el municipal. Y allí que nos decidimos a ir. Nos dan la llave porque somos los únicos alojados. Cuando llegamos vemos que el albergue es muy amplio, rehabilitado hace poco, con habitaciones sin estrecheces y con cocina y lavadora. Nos dejan meter las bicis para no tener problemas con ellas. Hacemos la colada, nos duchamos, descansamos un rato y después de tender nos vamos a dar una vuelta porque es media tarde aún y el día es bonito y nos lo hemos merecido. Seguro que el cubata de Legendario cae hoy de nuevo.

En ese tiempo resulta que aparece un nuevo peregrino a pie, francés, que responde al nombre de Cristophe (como el de Aline). Un tío muy majo que está haciendo el camino hasta Santiago pero sin marcarse tiempo ni hacer etapas predeterminadas. Hasta esta mañana estaba haciendo el Camino del Norte y en Unquera se ha cogido un autobús para desde Potes cruzar Picos de Europa y llegar a Oviedo para enlazar con el Camino Primitivo. Le ofrecemos salir con nosotros a tomar una sidra pero declina. Después nos contará que es un sin techo que está haciendo tranquilamente el Camino. Mañana lo volveremos a encontrar en medio de nuestra ruta. Un tío muy majo Cristophe. Que tengas mucha suerte.

Pese a que aún nos hubiera dado tiempo a ir a Santo Toribio de Liébana, como estaba planificado, Luis no puede ni con sus pestañas y la sola perspectiva de tener que hacer otros 4 km más de subida, que es lo que hay hasta Santo Toribio, le hace desistir. Pese a que mañana el Monasterio no lo abren hasta las 10 y eso nos demorará, confiamos en que la etapa de mañana nos permita comenzar tan tardíamente como para poderlo visitar y que nos dé tiempo después a llegar a Sotres pese a las enormes subidas que mañana también hemos de afrontar.

Recibo unas cuantas felicitaciones por mi cumpleaños y hablo con la familia. El fin del día no tiene nada que ver con el resto de día que hemos pasado. Nos vamos a cenar algo al centro, a una terraza abalconada con vistas al río y a la Torre. Y después de cenar, para el catre. El cuerpo pide dormir y el albergue es de 6 estrellas. La noche es de lo más relajante. Qué rico mamita.

Hoy hemos pasado por Quintanilla, Río, Cires,  Collado Pasaneu, Braña de los Tejos, San Pedro, Pumareña, Tama, Aliezo, Ojedo, Potes.

martes, 24 de septiembre de 2013

Día 2. Queveda - Quintanilla. 64,08 Km

Kilómetros: 64,08
Distancia ascendiendo: 30, 81 km 
Desnivel acumulado positivo: 1.6030,30 metros
Altura máxima: 353,70 metros
Porcentaje máximo de subida: 17,99%
Porcentaje máximo de bajada: 21,40%
Tiempo pedaleando: 6:04 horas
Tiempo ascendiendo: 2:59 horas
Vel. media en movimiento: 10,5 km/h
Vel. media total: 5,61 km/h 
Vel. máxima: 47,46 km/h

Santillana del Mar
Comillas
San Vicente de la Barquera
Camplengo
Playas de Oyambre y Merón
Mirador de la Palombera, río Nansa















Desde el principio habíamos comentado que trataríamos de mantener la tónica de levantarnos temprano para tratar de salir pedaleando según saliera el sol. Eso, a estas alturas de año y en esta latitud, significa levantarse hacia las siete o siete y media para poder dar pedales a eso de las 8. Así si la etapa se da bien, llegaríamos a destino con tiempo por la tarde para descansar; si la etapa se da mal, tendríamos tiempo extra por la tarde para poder llegar a destino sin suicidarnos antes o dejar que nuestros cuerpos sean comidos por las alimañas. Ya veremos que la segunda parte del pensamiento lo tuvimos que hacer nuestro en más de un día.

Y para ser el primer despertar en Camino no podíamos fallar; así que a las 7:30 suena el despertador y a las 8:10 ya estamos en camino. El día amanece bueno y refresca algo a esta hora en la que aún está saliendo el sol.

Vamos por carretera un breve trayecto de 3 kilómetros hasta llegar a Santillana del Mar, de la que dicen es 3 veces falsa porque ni es santa, ni llana, ni tiene mar. Es un pueblo de habitual abarrotado de gente; pero como solo son las 8:30 no hay más que dos paisanos cruzando una calle y poco más. Solo vemos un bar abierto en el que desayunamos algo. La Colegiata está cerrada y el albergue, que localizamos no sin esfuerzo después de desayunar, también.

Encontrar muchos albergues cerrados y la practica totalidad de las iglesias cerradas es algo que será norma en todo el Camino. Esto es algo que comentaríamos a lo largo de los días con mucha gente porque es una lástima pasar por los sitios haciendo este tipo de rutas y no poder entrar a las iglesias a verlas ni a sellar la credencial. Entre que quedan pocos curas y que si dejan las iglesias abiertas siempre hay algún descerebrado que roba cosas, pues siempre cerradas. Una lástima porque hay auténticas joyas por todos los sitios por los que pasamos.

Salimos de Santillana pasando por diversos pueblos y con constantes sube-baja hasta llegar a Comillas.

Antes, en Cigüenza, encontramos una excepción a lo de las iglesias cerradas. Se trata de la iglesia de San Martín de Tours. Es una iglesia bien bonita, mandada construir por un indiano que viviendo en Perú tuvo el gusto de mandar construir en su pueblo natal una réplica de la que había en donde vivía allá al otro lado del charco. Y aquí está, enclavada en un sitio precioso, y abierta y atendida por un señor muy amable para que podamos disfrutarla.

Ya al llegar a Comillas recorremos la parte de la playa, subimos hacia el mirador con la estatua del Marqués y depués nos adentramos por el casco antiguo para que Luis viera a un amigo suyo que regenta una peluquería y al que hace años no veía. Para rematar vamos a hacer una visita al Palacio de Sobrellano y queriendo ir al Capricho me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado el cuento desde la última vez que estuve. Teniendo idea de tomar un café al pie del Capricho me encuentro con la sorpresa que ahora todo está vallado para que no tengas más remedio que pasar por una entrada que han puesto en la que te cobran 5 €. Pese a que no había nadie y que le dije que sólo era un peregrino que quería hacerse una foto y eso no podía costarme 5€, la taquillera me dijo que verdes las han segado. Todo amabilidad. Desistimos y vamos a la oficina de Turismo donde además de sellar nos dijeron un truco para desde cerca del Palacio Sobrellano poder hacer una foto del Capricho en la que salía poca valla. Eso sí es amabilidad.

Antes de salir de Comillas compramos algo de comida por si a lo largo de la tarde nos da por apretárnosla. Estamos en el kilómetro 22 de la etapa y entre que llegamos a Comillas a las 11:30 y nos vamos a las 12:50 pues me doy cuenta que hemos echado un buen rato. Todavía nos quedan muchos kilómetros, los de después de comer mayoritariamente de subida, así que salimos sin más dilación con dirección San Vicente de la Barquera.

Al poco de salir de Comillas, en La Rabia, las flechas del camino indican que hay que escalar un poco alejándonos de la costa. Comento con Luis que aunque hacemos unos pocos más de kilómetros, es más bonito ir por Oyambre y con menos sube-baja. Así lo hacemos y las vistas que tenemos desde ese momento y hasta San Vicente no pueden ser mejores: continuas playas con un sol espléndido por un lado y verde y montañas por el otro lado.

A las 14:00 llegamos al chiringuito de la playa Merón, antes de llegar a San Vicente, tras 35 km de ruta y nos sentamos a comer. Luis lleva unos días con las tripas revueltas y parece que desde anoche se le ha intensificado, por lo que va deponiendo su actitud bastante frecuentemente. Se pide un arrocito para ver si el bicho se le calma.

Después de una muy buena y relajante comida salimos a las 15:20 para llegarnos a San Vicente, donde tampoco podemos sellar porque por mentira que parezca ni Turismo ni la iglesia están abiertos.

El resto de ruta del día lo hacemos por carreteras secundarias. Nos deben faltar unos 35 km y son de subida, aparentemente suave, pero subida. Así nos llegamos sin mayor contratiempo hasta Gandarilla. Llevamos 46 km y son las 16:40. Paramos a tomar una cocacola y a preguntar por una farmacia porque Luis no para de deponer su actitud. Nos dicen que en Bielva hay una. Es el siguiente pueblo. Hacemos idea de llegar enseguida para que le den un tapón.

Pero nada más salir de Gandarilla hay que subir al alto de la Fuentefría. El tramo inicial de la subida es la antesala de lo mucho que tendríamos que empujar los días siguientes. Una rampa que tiene casi el 20% y en la que necesito empujar no menos de 300 metros. Y eso que es asfalto. La subida son 3,5 km y en la cima espero 5 minutillos a que me alcance Luis, lo que comenzará a ser la tónica del viaje, para hacer la bajada juntos. En la bajada nos alertamos porque vemos que alguien ha prendido fuego a unos matojos en el arcén y está avivándose mucho por el viento y el fuego está alcanzando ya unos árboles. Luis llama al 112. En lo que resta de bajada hasta el pueblo vemos que el quema arcenes ha actuado repetidamente y tiene en llamas media carretera.

En Bielva a Luis le venden Fortasec y comenzará una nueva vida para él. Las ha pasado canutas estos dos días y aún le durará otro día más, pero empieza a notar des de ya que deja de írsele la vida por el agujerito.

Preguntando a unos paisanos nos dicen que la carretera hasta Quintanilla no está mal y que solo tiene un tramo duro como el de Gandarilla a la salida de Cades. Salimos con el temor de esa nueva cuesta matadora, pero lo único que encontramos es una cuesta bastante menor a la esperada que remata cerca del mirador de Palombera con una vista preciosa del Nansa. Es el kilómetro 57 de nuestra etapa.

A partir de ahí lo que resta es una carretera con pocas dificultades que discurre por un precioso desfiladero que forma el río Lamasón. En mitad del desfiladero nos encontramos con un paisano que lleva un grupo de caballos. Nos dice que los acaba de vender pero que no es negocio, pues sólo los vende a unos 200€ por caballo. Lo que sí dice que es negocio son los jatos; recuperan el coste con solo el costillar y el resto del bicho es ganancia. Le decimos que vaya a celebrarlo con la novia pero nos dice que no tiene, que estando con animales que ninguna quiere ser novia. Le decimos que mejor, que eso que se ahorra. Era un tío bien majo. Estos ratos en los que paras diez munitos a hablar con los paisanos de los sitios por donde pasas y te cuentan sus cosas son para mí de lo que más disfruto haciendo este tipo de rutas.

La noche en Quintanilla nos la ha gestionado Sonsoles. Con la hoja de la planificación que hice ha tenido la amabilidad de llamar para hacernos la reserva. Lo hará más días poque habla con Luis varias veces al día y todos los días se interesa por dónde tenemos planificado dormir y si tenemos identificado alojamiento. Gracias Sonsoles.

Llegamos a Quintanilla a las 19:40.  El perfil de hoy ha sido bien distinto al de ayer. Mucho desnivel y ya nos adentramos en la montaña. Se va notando en el esfuerzo que la ruta nos va demandando.

Cubata de Legendario antes de la cena. Dormimos en el hostal del pueblo y cenamos en el restaurante del pueblo. La habitación limpia y cómoda. La cena sabe a gloria. No podemos pedir más.

Hablamos con la señora que regenta el hostal y restaurante sobre la ruta prevista para mañana. La ruta de mañana es el único punto de todo el Camino del que tengo dudas. No sé si con la bici se puede hacer el collado del Arceón (se baja un desnivel de 700 metros hasta el desfiladero de La Hermida y no sé si se puede ir con la bici) y la alternativa es hacer el desfiladero de La Hermida completo por carretera hasta Potes. Tenía pensado subir el puerto de La Hoz y en Cicera preguntar y tomar la decisión; pero la señora nos dice que más bonito e incluso algo más corto es ir por Cires para cruzar todo por montaña por el collado Pasaneu y la Braña los Tejos para acabar saliendo en Tama, justo al lado de Potes. Alguno que lo oye dice que es duro, pero en cuanto que la señora dice que el año pasado lo hicieron unas chicas en bicicleta, dijimos que no había más que hablar. Sólo nos faltó dar un puñetazo a la mesa. Si lo habían hecho las mujeres estaría chupao.

¡Lo que nos acordaríamos al día siguiente, y muchos más días, de la señora y de toda su familia!. Nos enfrentábamos a un día como no podíamos ni imaginarlo de exigente. Pero eso ya pertenece al día de mañana y lo cuento en la próxima etapa.

Hoy hemos pasado por Camplengo, Santillana del Mar, El Arroyo, Oreña, El Robinal, Cigüenza, Cóbreces, Liandres, Comillas, La Rabia, San Vicente de la Barquera, La Acebosa, Hortigal, Gandarilla, Alto de la Fuentefría, Bielva, Cades, Quintanilla.