jueves, 10 de octubre de 2013

Día 9. Villalón de Campos - Ciguñuela. 82,63 Km

Kilómetros: 82,63
Distancia ascendiendo: 39,78 km
Desnivel acumulado positivo: 512,50 metros
Porcentaje máximo de subida: 11,67%
Porcentaje máximo de bajada: 6,49%
Tiempo pedaleando: 4:46 horas
Tiempo ascendiendo: 2:35 horas
Vel. media en movimiento: 17,32 km/h
Vel. media total: 8,90 km/h
Vel. máxima: 41,79 km/h
Cuenca de Campos
Iglesia de San Juan en Tamariz de Campos
El Camino en la séptima esclusa del Canal de Castilla
Canal de Castilla
En el cerro del Telégrafo a la salida de Wamba
Por el Camino Real de Castrodeza
En la séptima esclusa del Canal de Castilla
 Monasterio de La Santa Espina
 Wamba
Junto al guía en el osario de la iglesia de Wamba
Portada románica de la iglesia de Wamba




















Después del día tan placentero de ayer y habiendo hecho 20 kilómetros de más respecto a lo planificado, la idea de hoy es tratar de no hacer kilómetros de menos para tratar de mantener lo ganado respecto a la planificación o incluso aumentarlo si el día de hoy se nos da como el de ayer.

Con esa idea nos levantamos, permitiéndonos el lujo de no madrugar, para ver cómo el día amanace de nuevo soleado pero fresco. Desayunamos un café con galletas que los hospitaleros nos ofrecen muy amablemente y vamos a comprar algo de comida en una tienda justo al lado de la plaza para tener por si acaso se tercia. Y empezamos a dar pedales a las 09:25.

La planificación inicial era comer aproximadamente por Medina de Rioseco y terminar etapa en Peñaflor de Hornija. Si mantenemos el adelanto de ayer veremos si podemos comer en Castromonte y dormir en Ciguñuela. Y si adelantáramos otros 20 kilómetros también hoy, podríamos comer en Peñaflor de Hornija y dormir en Puente Duero.

La salida desde Villalón de Campos se hace por la Vía Verde de Tierra de Campos, prácticamente llana y bien acondicionada, con lo que te plantas en Cuenca de Campos sin darte cuenta. Hasta Moral de la Reina y Tamariz de Campos se va por camino sin ninguna dificultad. En Tamariz de Campos nos plantamos a las 10:50 tras 20 kilómetros de etapa. Mientras hacemos unas fotos a unos restos de un torreón de la iglesia de San Juan, Luis desaparece. Haciendo tiempo esperándole aprovecho para hacer una gestión por teléfono. Termino de hablar y Luis sigue sin aparecer. Me supongo que le habrán aparecido de nuevo los problemas estomacales y habrá ido a buscar un sitio donde deponer su actitud. Pasada media hora logramos hablar por teléfono y me dice que se volvió al otro lado del pueblo pensando que deberíamos continuar por allí. Una vez desecho el entuerto, y habiendo perdido media hora, seguimos camino siguiendo la vega del río Sequillo en dirección Canal de Castilla y Medina de Rioseco.

El Canal de Castilla lo alcanzamos a la altura de la séptima esclusa a las 12:00 y tras 25 kilómetros de etapa. Luis me había dicho por la mañana que no habíamos revisado en todo el Camino la presión de las ruedas y yo pensé para mí que si no veíamos nada anormal no teníamos necesidad ninguna de revisar las ruedas. Pues bingo; justo antes de parar en la esclusa Luis detecta pinchazo en su rueda trasera. Tras media hora para cambiar la cámara y comernos lo que habíamos comprado por la mañana, seguimos por un sendero bordeando el Canal de Castilla hasta llegar a Medina de Rioseco. Lo hacemos por el Arco de San Sebastián a las 13:05 tras 32,80 kilómteros recorridos.

Tras breve parada a sellar en la Iglesia de Santa Cruz, seguimos por carretera en dirección Valverde de Campos. Tras Valverde la carretera repecha algo para remontar los Montes Torozos. Luis se queda lejos en el llano y perdido en el repecho. Tras el repecho, de apenas 2 kilómetros y que se sube sin problema, se vuelve a llanear hasta llegar a Montecastro donde llego a las 14:05 tras 47,5 kilómteros recorridos.

La media hora de pérdida en Tamariz  más la otra media en la esclusa nos están haciendo mantener el adelanto de ayer pero no conseguir adelantar nada hoy. En cualquier caso la ruta está siendo muy sencilla de hacer, así que mientras espero a Luis tomándome una cocacola barrunto que podemos desviarnos algo para visitar el Monasterio de la Santa Espina. El desvió nos supondrá hacer entre 10 y 15 kilómetros de más, pero seguro que merecerá la pena y estos kilómetros de más compensarán los que hoy no vamos a poder adelantar.

A las 14:42 proseguimos por carretera hasta La Santa Espina bajando por la vega del río Bajoz. Como llegamos a las 15:05 está cerrado, aunque nos permiten entrar a ver los dos claustros y la sala capitular.Del tirón nos caercamos al bar del pueblo de al lado, San Rafael de la Santa Espina, donde tomamos un bocadillo para reponer fuerzas.

A las 15:40 seguimos camino para volver a repechar a lo alto de los Torozos y seguir por un terreno llano como la palma de la mano en dirección Peñaflor de Hornija, punto de destino en la planificación inicial. Allí nos presentamos, tras otro repecho corto pero empinado llamada Cuesta del Reventón, a las 16:25 tras 67 kilómetros recorridos.

La salida de Peñaflor de Hornija se hace por un camino que vemos que, además de hacer una subida y bajada muy pronunciada, corre después paralelo a la carretera. Y como no nos perdemos nada por no ir por la tierra en ese tramo, seguimos por la carretera hasta lllegar a Wamba, donde tenemos especial interés en visitar la iglesia. Quizá una de las iglesias con más historia de toda España.

Llegamos a Wamba a las 16:50 tras 75 kilómetros recorridos. Vemos que la visita a la iglesia comienza a las 17:00 así que allí esperamos. No viene el cura a quien llevábamos recuerdos de parte del cura de Villalón, sino un guía joven que nos hizo una de las mejores visitas guiadas que recuerdo. Espectacular la iglesia y fantástica la hora que estuvimos allí con el guía. Visita imprescindible para quien aún no la haya visitado.

Proseguimos ruta a las 18:05. Subimos el pequeño cerro del Telégrafo por carretera y nos adentramos por camino hacia Ciguñuela. El camino sigue siendo prácticamente llano por lo que pese a los retrasos de hoy me voy haciendo a la idea de llegar hasta Simancas o Puente Duero.

Antes de llegar a Ciguñuela, en mitad del Camino Real de Castrodeza, se acerca a toda pastilla un trailer con el viento a favor que levanta una polvareda que ni las tormentas del desierto. Como según se va acercando veo que no tiene intención de frenar y nos va a engullir la tormenta de polvo, paro en mitad del cambino y hago gestos para que aminore. El hijo de Satanás apenas lo hace y nos deja sumidos en mitad de la nube de polvo. Mal nacido.

Llegamos a Ciguñuela a las 18:40 tras 82,5 kilómetros recorridos. A mí me parece que aún podemos tratar de hacer otra hora más de pedaleo y presentarnos en Simancas o Puente Duero, pero a Luis le parece que no y además Pani nos informó que aquí hay un albergue muy digno. Así que tras buscar a la que maneja el albergue, una tía seca y árida que apenas nos atendió ni esa tarde ni al día siguiente (qué contraste con los del día anterior de Villalón), nos aposentamos en el albergue y nos fuimos a cenar, tras la oportuna ducha, al único bar que vimos abierto. Buena cena y a retirarnos a los aposentos a descansar, que aunque ahora las etapas no son montañosas como al principio, el calor y el kilometraje que hacemos a diario también cansan lo suyo.

Hoy hemos pasado por: Villalón de Campos, Cuenca de Campos,  Moral de la Reina, Tamariz de Campos, Medina de Rioseco, Valverde de Campos, Castromonte, Monasterio de la Santa Espina, San Rafael de la Santa Espina, Peñaflor de Hornija, Wamba, Ciguñuela.

lunes, 7 de octubre de 2013

Día 8 Mansilla de las Mulas - Villalón de Campos. 76,50 Km

Kilómetros: 76,50
Distancia ascendiendo: 33,53 km
Desnivel acumulado positivo: 301,80 metros
Porcentaje máximo de subida: 5,58%
Porcentaje máximo de bajada: 5,43%
Tiempo pedaleando: 4:26 horas
Tiempo ascendiendo: 2:12 horas
Vel. media en movimiento: 17,23 km/h
Vel. media total: 9,89 km/h
Vel. máxima: 43,43 km/h

Entrada a El Burgo Ranero
Grajal de Campos
Santervás de Campos
Cerca de Fontihoyuelo
Plaza de Villalón de Campos
Cerca de Bercianos del Real Camino
Sahagún
San Tirso en Sahagún




















La etapa de hoy es llana como la palma de la mano comparada con las de los días anteriores. Días en los que hemos hecho desniveles acumulados de más de 2.000 metros con rampas de desnivel superior al 30%. Hoy será custión simplemente de dar pedales con tranquilidad. Y como ya tenemos las patas como robles y con este terreno tan llano, seguramente hoy hagamos más kilómetros que los planificados, que son 60. Todo dependerá de cómo se nos vaya dando el día y de las distancias entre los pueblos con alojamiento. Ahora recorreremos el Camino de Madrid y las distancias entre los pueblos son mayores y no todos tienen alojamiento. Si conseguimos hacer hoy más kilómetros de los planificados, y lo volviéramos a hacer otro día más, conseguiríamos acortar el Camino en 2 días respecto a los 14 inicialmente planificados.

Hoy se nota que hemos hecho noche en uno de los albergues más concurridos del Camino Francés: hasta arriba de gente y a partir de las 6 de la mañana todos los andarines haciendo ruido al recoger para marcharse. Nosotros hoy no tenemos prisa por madrugar y dejamos que casi a las 9, cuando sólo quedamos nosotros dos, venga el hospitalero a echarnos de la cama mientras va a abriendo las ventanas de las habitaciones para airear tanta humanidad concentrada.

Desayunamos al lado del albergue y nos ponemos en ruta a las 09:45. El día es soleado y la mañana algo fresca. Tenemos que hacer unos 40 kilómetros por el Camino Francés, recorriéndolo a la inversa, hasta Sahagún. Se nota que hay mucha gente que hace el Camino en estas fechas de septiembre evitando los calores de los meses de verano. En sólo estos 40 kilómetros me canso de decir "buen camino" a tanto peregrino con el que nos cruzamos, seguro que más de un  centenar; y muchos de ellos en bici. Hay más de uno que nos dice que vamos en el otro sentido. Esta parte del Camino es bastante monótona. Son llanos interminables sin ningún atractivo. A lo lejos, en paralelo al Camino, veo las montañas que hasta ayer mismo nos engullían; parecen ahora tan lejanas.

En El Burgo Ranero paramos a tomar algo de media mañana en el Piedras Blancas, justo enfrente del albergue municipal, un sitio muy majo y con buen trato; son las 11:15 y llevamos ya 20 kilómetros, lo que significa tener hecho un tercio de la etapa casi sin darnos cuenta.

A las 13:05 llegamos a Sahagún habiendo recorrido 37,5 kilómetros. Paramos a visitar San Tirso y seguimos ruta dejando el Camino Francés y tomando el de Madrid. Dejamos inmediatamente de ver peregrinos para volver a meternos en nuestro solitario Camino.

Por carretera llegamos a Grajal de Campos que tiene un impresionante castillo, pero está cerrado como tantas cosas en este Camino. A partir de aquí vamos a tomar un camino de labor que va siguiendo la margen izquierda del Valderaduey. Llegamos a Arenillas de Valderaduey a las 14:30 y tratamos de buscar un bar para comer, pero el pueblo aparenta estar semiderruido y no tiene ni donde caerse muerto. Perdón si alguien de este pueblo lo lee y se siente ofendido, pero de veras que es la sensación que me dio. Luis se me sigue quedando despistado, ahora no será por las cuestas, y he de volver a recogerle en la fuente a la entrada del pueblo donde se había quedado repostando sus bidones.

Continuamos el camino para hacer por llegar a comer al próximo pueblo, que además resultaba ser el destino planificado de hoy: Santervás de Campos. Antes, en medio del campo, antes de llegar a la carretera que viene de Melgar de Abajo, paro a hablar con un pastor que tiene apenas una veintena de ovejas. Es un hombre mayor, que me dice estar ya jubilado, con su radio al oido y me cuenta alguna noticia de las que estamos prácticamente aislados estos días. Y hablamos de cómo van las cosas con el ganado porque anoche también estuvimos hablando de eso con Eusebio, que es veterinario. Me cuenta que todo son pegas y todo normas sin sentido que impone la Junta de Castilla y León; no les dejan ni respirar. Y a cuenta de tanta norma y tanta burocracia vive de la sopa boba un montón de políticos y funcionarios que no valen para nada. A modo de ejemplo me dice que fueron un día dos en una furgoneta a su casa para sacarle sangre a las gallinas que el hombre tiene en su casa para su uso exclusivamente particular. La sangre a 6 gallinas se les saca en dos minutos escasos. Cuando el hombre les dijo que si también iban a casa de su vecino Resti que tiene unas 12 gallinas, le dijeron que no, que ya irían mañana o pasado. Cuidado no se vayan a eslomar de tanto trabajo útil y eficiente. Y esta gente vendrá, en pareja no vaya a ser que sólo uno se pierda o no pueda con tanto trabajo, con la furgoneta desde Dios sabe donde para tirarse la mañana para sacar sangre a 6 gallinas que tiene este señor y que las tiene sólo para comerse los huevos que pongan. Vaya admistración del latrocinio que padecemos. Es realmente calamitoso e insufrible.

Llegamos a Santervás de Campos a las 15:10. Este era nuestro destino planificado de hoy. Los kilómetros que hagamos por la tarde se los estaremos ganando a la planificación original. La iglesia está cerrada y nos dirigimos al bar del albergue. No hay nadie más que nosotros y el señor tiene poco que ofrecernos. Al final nos ofrece para comer unos garbanzos con tomate y unos filetes con patatas. El sol a esta hora de la tarde aprieta pero los garbanzos calentitos me saben a gloria.

A las 16:15 salimos de Santervás mientras sacamos fotos del ayuntamiento donde ondean, además de las banderas locales y la nacional, las de Estados Unidos y Puerto Rico. Lo mucho o poco de este pueblo lo hacen girar en torno a la figura de Ponce de León, nacido aquí, que fue el primer Gobernador de Puerto Rico en la recién descubierta América. Descubridor también de La Florida. Ponce de León sería en ese momento la persona con más poder y cargo en América despues de Colón.

Salimos de Santervás con idea de hacer casi 20 kilómetros hasta Villalón de Campos, pueblo bien importante donde Pani nos dice que tienen un albergue bien puesto y bien cuidado.

Casi íntegramente por camino nos hacemos el recorrido entre campos de labor que hace sólo dos o tres meses rebosaban vida con los trigales en todo su esplendor, pero ahora ya cosechados no son más que una masa continua de tierra esperando a ser arada para la nueva siembra.

Pasamos por Fontihoyuelo y llegamos a Villalón de Campos a las 17:30. Hemos hecho casi 20 kilómetros extra y estamos en destino aún a media tarde. Hoy tendremos tiempo por primera vez en muchos días para echar una siestecilla y descansar plácidamente toda la tarde.

El albergue está junto a la iglesia de San Juan Baustista y, tal y como nos había dicho Pani, está muy arreglado. Solo hay un andarín. Los hospitaleros son una pareja de jubilados de Málaga que llevan viviendo en Francia casi 40 años. Se alegran de que lleguemos porque así tienen a quien atender y con quien hablar; creo que dijeron que llevaban tres o cuatro días sin peregrino alguno. En el último mes sólo se han alojado 14. Al inscribirnos en el libro de registro veo que soy el pregrino número 1.500 del libro. Los hospitaleros son muy amables y se portan muy bien con nosotros. Ponemos a lavar cosas antes de echarnos la siesta y como cuando termina la lavadora aún estamos terminando la siesta, la señora nos hace el favor de tenderla. Muchas gracias. Este pueblo es grande y tiene muchas tiendas y bares, pero como es lunes la mayoría cierra para cenar y al final solo tenemos la alternativa de cenar en Casa Peña, donde cenamos bastante bien.

Por la tarde habíamos dado una vuelta por el pueblo, visitando su bonita plaza y su espectacular rollo jurisdiccional. Visitamos también la iglesia de San Miguel, de las pocas que hemos podido visitar en el Camino, y hablamos con el párroco de tantas joyas que vamos pasando sin poder visitar; hoy mismo sin ir más lejos, San Pedro de Mazote y Santervás de Campos. Nos recomienda vivamente tratar de ver la iglesia de Wamba. Trataremos de hacerle caso porque llevo mucho tiempo queriendo visitarla.

Hoy hemos pasado por; Mansilla de las Mulas, Reliegos, Villamarco, El Burgo Ranero, Bercianos del Real Camino, Calzada del Coto, Sahagún, Grajal de Campos, Arenillas de Valderaduey, Santervás de Campos, Fontihoyuelo, Villalón de Campos.

Día 7. Lugueros - Mansilla de las Mulas. 93,64 Km

Kilómetros: 93,16
Distancia ascendiendo: 30,98 km
Desnivel acumulado positivo: 1.340,80 metros
Porcentaje máximo de subida: 26,11%
Porcentaje máximo de bajada: 33,29%
Tiempo pedaleando: 5:07 horas
Tiempo ascendiendo: 2:04 horas
Vel. media en movimiento: 18,22 km/h
Vel. media total: 8,73 km/h
Vel. máxima: 50,11 km/h

San Miguel de Escalada
San Miguel de Escalada
Con Marga en Mansilla
Boñar
Gradefes

Cementerio del patio del claustro de Gradefes











Con los peregrinos en el albergue de Mansilla de las Mulas














El día amanece soleado pero muy fresco. Hay que abrigarse bien porque los primeros kilómetros son en bajada y el frío se nota mucho hasta que el sol no empiece a calentar a media mañana. Me levanto con cierta tristeza pensando en que dentro de sólo un rato saldremos definitivamente del entorno de los Picos de Europa y llegaremos a la meseta abandonando estas impresionantes montañas.

Aunque el día tiene planificado más de 80 kilómetros, muchos son llaneando o en ligera bajada, por lo que madrugamos lo justo. Después de lo que hemos pasado los dos últimos días, que nos echen lo que quieran que ya no nos da miedo nada. Después de recoger la cabaña y dejarla lo más adecentada posible (qué menos si Eusebio no nos va a cobrar nada por usarla), empezamos a dar pedales a las 08:45.

La carretera hasta Valdepiélago es una bajada casi constante que atraviesa las Hoces de Valdeteja. Sé que son los últimos kilómetros entre estas impresionantes montañas que tanto he disfrutado estos días. Para no irme con tristeza paramos un último momento en la cascadadel Valdorria, justo después de pasar Nocedo de Curueño. A diferencia de cuando vengo por aquí en verano, ahora no hay nadie y podemos estar drisfrutando tranquilamente viendo caer el agua a borbotones por las paredes mientras las gotas que se elevan por el aire hacen centellear la incipiente luz que hay a esta temprana hora de la mañana.

Me subo en la bici mientras me despido mentalmente de este magnífico valle, del Curueño, del Bodón, de las hoces y de toda la montañan de los Picos de Europa que hemos disfrutado estos días. Al pasar Montuerto parece como si de repente las montañas desaparecieran y el paisaje cambia drásticamente para empezar a mostrar una sucesión de montes que presagian la cercana presencia de la meseta castellana.

Desde Valdepiélago seguimos en dirección Boñar, donde entramos por su barrio de Las Ollas, y paramos a desayunar en un bar de la plaza. Son las 10:30 y llevamos recorridos 25 kilómetros. Para desayunar nos ponen lo que Pani hubiera bautizado como tostada palmera: una deliciosa tostada de un palmo de altura.

Desde Boñar continuamos unos pocos kilómetros por carretera llana hasta Palazuelo de Boñar y Vegaquemada. En ese punto giramos en breve pero fuerte subida hacia Laíz de las Arrimadas. Este giro busca recorrer el valle donde se sitúan los pueblos de las Arrimadas para retomar, cerca de Cistierna, el Camino Vadininiense que desde Potes habíamos recorrido hasta Riaño.

Llegamos a La Ercina, último punto de ascenso del día de hoy, a las 12:15 tras 41 kilómetros recorridos. . Me paro a esperar a Luis mientras como unos frutos secos. Según lo planificado, el día de hoy es un coser y cantar compradao con los días anteriores. Vamos por carreteras locales y estamos haciendo muchos kilómetros sin dificultad. Y a partir de ahora más aún, porque la carretera ya no sólo hará más que llanear en leve bajada hasta nuestro destino de hoy. Da la sensación de que hoy haremos muchos kilómetros sin esfuerzo.

A partir de ese punto recorremos un solitario valle que conforma el río Valdellorma en un sinfín de verdes colinas. A nuestro alrededor se suceden robledales autóctonos y pinares de repoblación en las laderas, y chopos, álamos y fresnos en la ribera.

Llegamos a Garfín a las 13:30 tras 59 kilómetros recorridos. Me da la sensación que la iglesia está abierto y miro por si pudiéramos sellar, pero están en plena misa y desisto. En su lugar paramos en el bar de la plaza, qué remedio. Frente al bar hay unos bancos a la sombra donde podremos comer algo de embutido que llevábamos encima. Al terminar de comer volvemos a entrar al bar a tomar un café y al salir encontramos sentada en los bancos donde habíamos comido a una muy puesta de domingo, de unos treinta y pico, dándole al chat del móvil. Le digo que se quite los tacones y se ponga el culotte para acompañarnos. Parece que la idea no le gusta mucho. Dice que no es del pueblo, que está visitiando a unos familiares y que vive cerca de Bilbao. No me extraña que esté con el móvil todo el rato; igualito es el ajetreo de una ciudad comparado con lo que se abrurrirá en un pueblo pequeño que no es ni el suyo.

Tras una hora para comer relajadamente, continuamos camino hacia nuestra próxima parada. Se trata de Gradefes, donde quiero visitar el monasterio de Santa María la Mayor, del siglo XXII, que resulta ser uno de los pocos de monjas creados bajo el Císter, construido con el impulso económico de Teresa Petri, de la cercana Rueda del Almirante. Es el único monasterio cisterciense femenino con girola de España y el primero que se construyó en el mundo. La orden del Císter surgió como respuesta a la dominante, enriquecida y ostentosa orden del Cluny que no hacía más que acumular poder y riqueza. El Císter buscaba resucitar las austeras reglas de San Benito inspiradas en la más absoluta pobreza y obligación de trabajo manual. Los monasterios cistercienses se consideran un estilo de transción entre el románico y el gótico. En España tenemos infinidad de maravillas como esta de Gradefes, cargadas en algunos casos con más de mil años de hisoria, que son completamente desconocidas y, en muchos casos, dejadas en casi completo abandono. Es una lástima.

El caso es que al llegar a Gradefes vemos que el monasterio está cerrado hasta las cuatro y son las tres. Hay tiempo de sobra estar tarde para llegar a Mansilla. Así que decidimos esperar en la terraza arbolada de un bar a que abran. Y es un acierto porque al entrar al monasterio nos recibe una monja muy amable que nos sella y enseña el claústro, cuyo patio usan como cementerio de la comunidad, la sala capitular y la iglesia por dentro y por fuera.

Continuamos a por la siguiente maravilla arquitectóica de hoy: San Miguel de Escalada. Otro ejemplo de maravilla casi olvidada y escasamente protegida en la que los analfabetos que tanto abundan pintan o raspan las inscripciones milenarias de sus piedras para poner que quieren mucho a la Jessi o cualquier otra pamplina. Cuanto débil mental hay suelto.

Llegamos a San Miguel de Escalada a las 17:30, media hora después de salir de Gradefes. La visita a San Miguel la hacemos con un guía con el que da gusto hacerla. No sólo se nota que conoce lo que explica, sino que le gusta y está realmente versado. Durante la visita hablamos con él de las cercanas ruinas de Lancia, del Valle del Silencio y San Genadio, del prerrománico asturiano de Santa Cristina de Lena y de alguna otras cosas tan ligadas a este maravilloso sitio.

Terminamos la visita a las 18:20 enseñándonos el colindante pozo. Hasta hace poco tenía su correspondiente brocal, pero un autobús de turistas se lo llevó de pegatina. Ahora el pozo tiene una tapadera a la altura del suelo. Al abrirla vemos lo finamente revestido que está con piedra de sillar.

El guía nos dice que tenemos hasta Mansilla de las Mulas 13 kilómetros, todos llanos. Los hacemos tranquilamente a sabiendas de que nos queda poco, aunque los muchos kilómetros de hoy ya se van notando en las piernas. Llegamos a Mansilla a las 19:00.

Después de tantos días pasando por sitios donde los albergues estaban cerrados o éramos los únicos alojados, hemos llegado al Camino Francés y nos encontramos el albergue abarrotado de gente. Le pregunto a la hospitalera a qué hora cierra para dormir y me dice que a las 10.Como a lo largo del día he hablado con Eusebio y me ha dicho que nos veamos para cenar, pues como que nos pilla mal porque Eusebio no puede estar en Mansilla antes de esa hora.

La hospitalera me dice que hay un albergue privado en la otra parte del pueblo, El Jarrdín del Camino se llama. Le digo a Luis que vayamos a ver si hay sitio porque allí nos dejaran llegar a dormir más tarde y podremos cenar con Eusebio. La hospitalera nos dice que sólo le quedan unas pocas plazaas, así que si en el otro albergue no hay sitio habremos de volver rápido para no quedarnos sin sitio aquí también.

Y nos llegamos al tal Jardín del Camino. Está muy bien puesto, justo a la entrada del Camino Francés, con su concha, con su flecha amarilla enorme indicando la entrada y con la palabra albergue bien grande en la fachada. Tienen un jardín espléndido y entro casco en mano, sudado y con cara de haber estado todo el día pedaleando bajo el sol a lo que suponía una recepción de un albergue de peregrinos, pero que veo que es una barra de un bar en lo después supe que realmente es una fábrica de embutido reconvertida en bar. Pregunto en la barra si es ahí la recepción del albergue y me dicen dos chicas que hay atendiendo que sí, y que espere un momento. El momento se convierte en casi 15 minutos de pie, esperando como un pelele, con la angustia de no saber si había habitación y si en este tiempo me estaba quedando sin habitación también en el otro albergue. Cuando ya me canso de ver poner cervezas y cervezas, incluso a gente que había entrado más tarde que yo, y de no atenderme en los 15 minutos que llevo allí sólo para que me digan si tienen camas para dormir esa noche, le digo a la más cercana de la barra que si me atiende de una vez. Como me dice que está terminando de poner cañas y pinchos, le pregunto ya a grandes voces que si esa barra es la recepción del albergue de peregrinos, que sólo necesito saber si hay camas disponibles y que llevo viendo poner cañas 15 minutos sin que me den esa simple respuesta. Después de tratar de justificarse extrañamente por tres o cuatro veces el que no me atendiera, me dice finalmente que no hay camas disponibles. Salgo deseando buen día a grandes voces y lamentando que por donde salgo en vez de haber puerta hay una simple cortinilla. Si hubiera habido puerta, de seguro habría dado tal portazo que la hubiera dejado encajada de tal forma que no la hubieran podido abrir más que picando con una maza.

No se puede tener la desvergüenza de tener la concha, la flecha y la palabra albergue, para no parar de poner raciones y cañas a gente vestida con su ropa de domingo y que no tiene prisa ninguna, mientras dejas de pie a un humilde peregrino que viene cansado y demacrado de peregrinar 90 kilómetros ese día. Para además al final dejarle tirado en la calle sin más. Peregrinos: estos del albergue el Jardín del Camino de Mansilla de las Mulas son unos jetas, que no saben lo que es un peregrino ni lo que es un albergue de peregrinos. Unos jetas, unos aprovechados y unos sinvergüenzas. Evitemos estos sitios y así evitaremos que saquen provecho de las necesidades que uno tiene cuando peregrina. Los albergues de peregrinos ayudan al peregrino, no desatienden al peregrino que entra por su puerta ni se aprovechan de él.

Regresamos al albergue municipal donde aún disponen de alguna cama y al relatar lo sucedido en el otro albergue no se extrañan lo más mínimo de lo que contamos. Parece que son unos piezas de cuidado.

La hospitalera, Laura, nos dice que si hemos quedado para cenar que puede hacernos una excepción para llegar a las 11 a dormir. Así que finalmente pudimos cenar con Eusebio y regresar a dormir a las 11. La verdad es que Laura se portó de maravilla con nosotros, por la tarde y por la noche. Qué trato tan distinto al del otro albergue de buitres. Gracias Laura por mantener esa alegría y dispensar ese trato tan amable a los peregrinos. Gracias también a Eusebio por parar en su camino de regreso a León y cenar con nosotros para compartir un buen rato con él. Y gracias por habernos dejado dormir la noche anterior en sus cabañas de Lugueros.

En el albergue coincidimos con una chica, Marga, que resulta ser la madre y tía de unos niños que se ahogaron en el Canal de Castilla hace un par de años en un accidente de circulación. Ella está haciendo el Camino, tal y como lo hacía con hijo en años anteriores, reivindicando que arreglen los pretiles de las carreteras que cruzan el Canal de Castilla. Desde aquí me uno al movimiento que está impulsando: http://www.ibaisiguetucamino.com/


Hoy hemos pasado por: Lugueros, Tolibia de Abajo, Nocedo de Curueño, Montuerto, Valdepiélago, Ranedo de Curueño, Boñar, Palazuelo de Boñar, Vegaquemada, Laíz de las Arrimadas, Santa Colomba de las Arrimadas, Corral de las Arrimadas, Barrillos de las Arrimadas, Acisa de las Arrimadas,La Ercina, Frenedo de Valdellorma, Palacio de Valdellorma, Valporquero de Rueda, San Bartolomé de Rueda, Garfín, Valdealcón, Nava de los Caballeros, Gradefes, Cifuentes de Rueda, Casasola de Rueda, Rueda de Almirante, San Miguel de Escalada, Vega de los Arboles, Valle de Mansilla, Villacontilde, Villiguer, Villafalé, Mansilla de las Mulas.

jueves, 3 de octubre de 2013

Día 6. Portilla de la Reina - Lugueros. 89,63 Km

Kilómetros: 89,63
Distancia ascendiendo: 47,53 km
Desnivel acumulado positivo: 2.494,50 metros
Porcentaje máximo de subida: 23,10%
Porcentaje máximo de bajada: 21,93%
Tiempo pedaleando: 6:38 horas
Tiempo ascendiendo: 4:28 horas
Vel. media en movimiento: 13,50 km/h
Vel. media total: 7,18 km/h
Vel. máxima: 52,54 km/h

Riaño
Puerto de Tarna
Collado Pinzón
Collado de las Agujas
Recuerdo a mi padre
Puerto de Las Señales
Valle del río Pinzón
Collado de las Agujas















Nos despertamos temprano para hacer la etapa largísima que se aventura hoy. Desayunamos en el albergue medio estrujados y de pie en el vestíbulo porque el alberguero no ha abierto el salón y nos ha dejado preparado un termo con café y unas magdalenas. Regulín, regulín.

Está amaneciendo y el día aparenta fresco con alguna nube. Comenzamos a rodar con las primeras luces, a las 8:00. Bajamos por carretera en dirección Riaño terminando de completar las hoces que el Esla forma en la bajada desde San Glorio. Ayer ya recorrimos la gran mayoría pero como era ya casi de noche y estábamos como estábamos las disfrutamos más bien poco. Hoy voy fijándome más en los farallones calizos que atravesamos.

La carretera es mayoritariamente de bajada, por lo que después de parar a sellar un momento en Boca de Huérgano, nos llegamos hasta Riaño sin apenas darnos cuenta. Son las 9:15 y llevamos recorridos 19 kilómetros. Justo antes de llegar a Riaño veo dos corzos que se internan a grandes saltos en la maleza. Habrían bajado al embalse a beber.

Desde Riaño enfilamos por carretera en dirección puerto del Pontón bordeando el embalse de Riaño. Las vistas de las montañas reflejándose en el agua con el sol recién amanecido son espectaculares. Miro en dirección al valle del puerto del Tarna y lo veo muy nublado pero aparenta no llover.

En el cruce para desviarse hacia el puerto del Tarna espero a que llegue Luis. Aunque parece que lleva un ritmo algo lento, son las 10 de la mañana y hemos recorrido 28 kilómetros, lo que entra dentro de la planificación.

A partir de aquí la carretera va subiendo poco a poco adentrándose en el valle que luego conforma el puerto del Tarna. A la altura de Lario veo un bar abierto en mitad de la carretera. Apoyo la bici en un pretil para que Luis la vea claramente al pasar y entro a tomar un café. Pasados quince minutos me parece extraño que se demore tanto y salgo a mirar. Junto a la bici ha aparcado un camión que aunque no la tapa, sí que la ha dejado algo menos visible. Entro al bar y pregunto de quien es el camión que ha aparcado así en mitad de la calle. Y es de uno que había entrado hacía cinco minutos y se había quedado al lado de la puerta. Como sé lo despistado que es Luis y que siendo las horas que son igual irá hablando con Sonsoles, me quedo con la incognita de si habrá pasado o no. Al medio blasfemar contra el del cambión me dice que ha visto pasar a un ciclista que iba empujando la bici. Aunque el terreno es llano y debiera ir dando pedales, no me cabe duda de que se trata de Luis. Pago a toda prisa y salgo como una centella. Me voy tan escopetado que me olvido de recoger las vueltas. El café me ha salido por cinco euros. Ole la generosidad.

Aquí en Lario, o en el muy cercano Acebedo, es donde según la planificación inicial debiéramos haber dormido hoy tras salir de Posada de Valdeón, haber subido Panderruedas y haber cruzado el Pármade hasta Polvoredo. Eso significa que hemos ganado un día por no haber subido ayer la Remoña y haber bordeado en su lugar las montañas por carretera.

Al llegar a Uña hay una fuente en mitad del pueblo. Paro a repostar y saludo a uno que pasa en bici de carretera. Al poco de salir de Uña, donde empiezan las pistas que los excursionistas tomar para subir desde aquí a la zona de Peña Ten por el valle que forma la Hoya de Bordecazo alcanzo a Luis. Se acababa de parar porque al adelantarle el ciclista que yo acababa de saludar en Uña le ha preguntado si había visto a alguien con bici con alforjas y le dijo que lo llevaba justo detrás. Luis es como las mujeres, pregunta a todo el mundo. Otra cosa es que le sirva de algo. Son las 11:00, estamos a 1.200 metros de altitud y llevamos recorridos 39 kilómetros.

A partir de aquí las rampas empiezan a empinarse y si bien alguna es algo exigente sobre todo en los kilómetros finales, el puerto en general se puede subir a tren sin pasar calamidades. Las nubes se van cerrando a medida que ascendemos y corono el puerto del Tarna a las 12:10 después de 47,5 kilómetros de ruta. Estamos a casi 1.500 metros de altitud. El día se ha cerrado mucho y aquí sopla mucho viento. Trato de protegerme como puedo mientras llega Luis hasta que veo que en un edificio destartalado que aparentaba estar abandonado, hay un bar. Está vacío pero está abierto. Al sitio no le echan ni una mano de pintura desde hará más de 60 años. En lo que llega Luis, unos 25 minutos después, voy pidiendo un plato de embutido que seguro que nos entrará bien. Si en Lario que es llano ya iba empujando, me supongo que al menos los kilómetros finales del puerto también los haya hecho empujando.

Después del embutido y los refrescos de cola, que no hay que poner publicidad, salimos para seguir subiendo los 3 kilómetros que nos separan del alto el puerto de Las Señales. Estos kilómetros son muy parecidos a los del Tarna y hacemos cima a las 13:40 después de 50,5 kilómetros. Estamos a 1.630 metros de altitud.

A partir de aquí la ruta planificada marca bajar el valle en dirección Puebla de Lillo para, en unos 6 kilómetros, a la altura del río Pinzón, tomar un camino a la derecha que remonta el valle del Pinzón hasta atravesar el collado del mismo nombre. Desde el Collado Pinzón se hacen unos pocos de kilómetros de bajada hasta Isoba. Remontar hasta el collado Pinzón nos ahorra tener que bajar hasta Puebla de Lillo y subir entero el Puerto de San Isidro. La carretera hace eso para dar la vuelta entera a la Sierra de las Porracas y al pico San Justo, que vemos alzarse majestuosamente delante nuestro con sus casi 2.000 metros de altura.

De estos kilómetros por el Collado Pinzón no poseo información alguna. Cuando planifiqué la ruta vi que era un atajo para no dar una vuelta tan grande a Porracas y a San Justo, pero no había visto track alguno en ningún sitio ni descripción de este tramo. Así que lo que hice fue pintar la ruta a mano, sin saber altimetrías ni desniveles reales, solo me hacía idea de si tenía cuestas por las líneas de nivel del mapa. Ni tampoco sabía si el camino se podía hacer o si había alguna finca o algo que impidiera pasar. Los mapas y las ortofotos que había visto me daban la sensación que lo podíamos hacer sin mucho problema y sin obstáculos aparentes, a excepción de uno o dos kilómetros de bastante repecho al fondo del valle. Pero eran sólo suposiciones.

La ruta inicialmente planificada indicaba que después del Pinzón tendríamos que tomar un camino que sube en paralelo al puerto de San Isidro hasta el lago del Ausente. Pero a sabiendas de que era un camino muy duro y dado los kilómetros extra que íbamos a hacer y el biorritmo casi plano de Luis, decidí descartar ese camino y subir el puerto de San Isidro por carretera desde Isoba, para hacer después el remate final de la subida a la parte alta de los remontes de la estación de esquí.

Estábamos en el cruce hacia el valle del Pinzón a las 14:00. Durante todo el recorrido por el valle del río Pinzón no hacía más que darle vueltas a la cabeza con que si nos encontrábamos algo que nos impidiera continuar por aquí, no podría ni pensar en desandar lo hecho por el valle, para bajar hasta Puebla de Lillo y volver a subir todo el puerto de San Isidro y a la cima de los remontes de las pistas de esquí. Ante esa contingencia iba haciéndome a la idea de que si teníamos que bajar a Puebla de Lillo nos tendríamos que quedar a dormir allí y sopesar después si al día siguiente retomar ruta hacia San Isidro, perdiendo el día de adelanto que habíamos ganado, o cruzar por las pistas que atraviesan el valle del Celorno para cruzar la Sierra de la Cuerna y llegar hasta Villaverde de la Cuerna y Lugueros. Eso significaría no pasar por los remontes de la estación de esquí de San Isidro, el punto más alto de la ruta y el otro punto, junto con la subida al Panderruedas, que más me habían atraido de todo el Camino. Si Panderruedas ya nos lo habíamos saltado, no subir a la Collada de las Agujas de San Isidro sería hacer bingo.

El valle del río Pinzón es un tramo en permanente ascenso jalonado de cumbres altas y por el que se atraviesan unos verdes pastizales primero y un muy bonito hayedo al final. La realidad es que ha sido un acierto hacer este valle porque se puede ir perfectamente en bici, es muy bonito y sólo tiene de empujar los 300 metros finales con los que se corona el Collado Pinzón. Desde ahí hasta Isoba sólo hay 2 kilómetros en bajada. Llegamos a Isoba a las 15:30 tras 62 kilómetros recorridos.

Es hora de comer y paramos en el bar a tomarnos un pepito de ternera con pimientos que nos supo a gloria. Como ya sólo nos quedan de dificultades unos 4 kilómetros de subida por carretera a San Isidro y la subida final a las pistas de esquí, se me disipan todas las dudas y doy por seguro que terminaremos la etapa en Lugueros.

Ya ayer al ir a cenar en Portilla de la Reina hablé con Eusebio para decirle que hoy estaríamos en sus cabañas. Me dijo que estaba en un curso en Palencia y no podría vernos, así que había tenido la deferencia de dejarnos la llave en un sitio para poder entrar cuando llegáramos y, además, un vasito con jabón y otro con suavizante para que pudiéramos lavar. Este Eusebio es un crack. Muchas gracias. También me dijo que pensaba que dormiríamos la noche anterior en Posada de Valdeón, que era como estaba planificado, porque si hubiera sabido que al final estábamos en Portilla de la Reina se hubiera acercado desde Palencia a cenar con nostros. Lo dicho, es un tío majo.

Al terminar de comer empieza a tronar y a llover algo. Como vamos con tiempo decidimos esperar otra vez más a que escampe algo para salir sin lluvia. Poco después, como parece que las nubes no se terminan de retirar y pese a que sigue lloviendo algo, decidimos salir para no demorarnos más. Reiniciamos pedaleo a las 16:30 con la sensación de haber comido divinamente pese a que sólo ha sido un bocata con café. Este bocadillo y el rato allí parados nos han devuelto el ánimo y  las fuerzas.

La subida al alto de San Isidro la hacemos con lluvia y algo de frío. Coronamos a las 17:05 tras 66 kilómetros de etapa. Ahora queda sólo lo más chungo. Subir al aparcamiento de las pistas de esquí de Circo de Cebolledo y llegar hasta la cima de los remontes en el Collado de las Agujas. Al llegar a la base de los remontes la lluvia nos sigue empapando y el frío es intenso. Solo hay 6 grados. Qué diferencia con las temperaturas de casi 30 grados de sólo dos días antes.

La subida hasta el Collado de las Agujas la hacemos casi íntegramente empujando con fina lluvia y rodeados de una intensa niebla que hace que al final pierda de vista a Luis. Le voy dando voces para que se oriente, que allí no hay ni habrá nadie a quien pueda preguntar si acaso se me pierde.

Finalmente corono el Collado de las Agujas a las 19:00 tras 72 kilómetros de etapa. Estoy a 1.940 metros de altura, el punto más alto de todo el Camino de este año. Como si la naturaleza se rindiera a lo que para nosotros es casi una hazaña, el cielo se abre un poco, deja de llover y la montaña se ilumina con unos colores especiales. Es realmente precioso.

En lo que llega Luis busco un sitio en el que poner un modesto papel en el que he escrito una breve dedicatoria a mi padre, que este año hace 15 años de su muerte. Sé seguro que si viviera disfrutaría más que yo siguiéndome en mis Caminos y viendo el esfuerzo que derrochamos en ellos. Fue un grandísimo deportista y una persona de una honradez intachable. Era muy reservado y pocas veces dejaba traslucir sus sentimientos. Igual yo nunca supe transmitirle de forma rotunda el amor y la admiración que le profesaba; pero desde que nos dejara ha estado en mi memoria permanentemente. En ese rato que estoy allí arriba a solas me parece estar hablando con él y sintiéndole muy cercano; y me parece verlo henchido de gozo disfrutando a la vez que yo lo hago subiendo estas montañas.


Cuando llega Luis nos hacemos las fotos de rigor y disfrutamos de este maravilloso momento. Hemos sufrido mucho pero estamos en la cima de nuestra ruta de este año. El paisaje es espectacular. Estamos allí disfrutando casi media hora pero cuando nos vamos me da la sensación de haber estado solo 5 minutos; me hubiera quedado dos horas más.

La bajada la hacemos por el lado de Riopinos, por una pista en zigzag con bastante pendiente que llega hasta el aparcamiento de la base de los remontes de este valle. Desde aquí hay que hacer unos 6 kilómetros de carretera hasta llegar al alto del puerto de Vegarada. Nos salen a la caza dos mastines enormes que están cuidando el mucho ganado que hay suelto por estas montañas. Si te muerden te arrancan una pierna. Veo también un par de venados cruzando a grandes saltos. En este tramos de carretera empieza a llovernos fuerte y nos empapamos. Hay que abrigarse porque el sol está empezando a ponerse y la temperatura es muy baja.

La bajada del puerto de Vegarada hasta Lugueros la hacemos casi sin dar pedales. Es una delicia terminar así una etapa en la que hemos subido tantos puertos. A media bajada nos deja de llover y trato de seguir disfrutando del impresionante paisaje que nos rodea. He venido ya muchas veces por aquí, pero uno no se cansa nunca de ver esta naturaleza. Mañana nos llegaremos a Mansilla de las Mulas y toda esta maravilla de montañas de las que hemos disfrutado estos seis días se convertirán en un llano secarral hasta Madrid.

Llegamos a las cabañas de Lugueros a las 20:30. Tercer día consecutivo que llegamos a destino anocheciendo tras otros 90 kilómetros a la buchaca; pero creo que los esfuerzos bien han merecido la pena. Hay sitios por lo que hemos pasado por donde quizá no volvamos a pasar nunca más.

Todo está según me había dicho Eusebio. Tras la ducha de rigor y poner la lavadora, nos vamos a cenar al bar de Lugueros. En la tele están a punto de decir la ciudad que alojará los juegos olímpicos de 2.020. Nos hemos perdido el patético discurso de la alcaldesa. Días después lo vería y me cuadraría todo. Estos politicuchos de hoy en día, el que no es un ignorante rematado es un ladrón. Así nos va.

Hoy hemos pasado por Portilla de la Reina, Barniedo de la Reina, Los Espejos de la Reina, Boca de Huérgano, Riaño, Burón, Lario, Uña, Puerto de Tarna, Puerto de las Señales, Collado Pinzón, Isoba, Puerto de San Isidro, Estación de Esquí de San Isidro, Collado de las Agujas, Puerto de Vegarada, Redipuertas, Cerulleda, Lugueros.

martes, 1 de octubre de 2013

Día 5. Sotres - Portilla de la Reina. 71,83 Km

Kilómetros: 71,83
Distancia ascendiendo: 35,39 km
Desnivel acumulado positivo: 3.170,50 metros
Porcentaje máximo de subida: 30,75%
Porcentaje máximo de bajada: 57,62%
Tiempo pedaleando: 6:31 horas
Tiempo ascendiendo: 4:18 horas
Vel. media en movimiento: 11,02 km/h
Vel. media total: 6,76 km/h
Vel. máxima: 57,67 km/h
 En la Casa de la Llomba
 Nuestra Señora de las Nieves

 Subiendo San Glorio
 Puerto de San Glorio

Subiendo a Puertos de Áliva
Vegas de Toro desde Vao Jurniello













Anoche nos acostamos lloviendo y hoy amanece igual. La predicción de hoy es de lluvia. No madrugamos para recuperar algo de fuerzas tras el día exigente de ayer y a la espera que escampe algo. Desayunamos y preguntamos dónde hay una tienda para comprar algo que poder comer más adelante. Como el pueblo es bien pequeño y no vemos la tienda, enseguida nos salimos del pueblo. Damos un poco para atrás y preguntamos a uno que está en la puerta del hotel Peña Castil. Resulta ser el dueño y se presta muy amable a hacernos unos bocatas y dice que también tiene plátanos. Lo aceptamos y mientras lo prepara nos dice que hay un albergue al que podemos ir a sellar. Vamos al albergue y vemos que tiene una pinta muy buena. Entretanto empieza a llover de nuevo y volvemos a demorar la salida hasta que pare un poco.

Damos el pistoletazo de salida tardísimo, casi a las diez. Ya de camino le pregunto a Luis cuánto le ha cobrado por los dos bocatas y los plátanos y me dice que 12 €. Vaya con el amable; resulta que además es un vivo. Si me pretende cobrar a mí los 12 € le devuelvo los bocatas. Nos ha cobrado cada plátano a un euro cuando anteayer compré cinco por euro y medio. Pero hombre, que no se puede robar a un peregrino. Aunque en este caso la culpa es nuestra por dejarnos robar.

La lluvia ahora nos respeta pero está todo cubierto por nubes muy bajas y no se ve prácticamente nada a nuestro alrededor. Lástima, estar en mitad de Picos de Europa y no ver ni media ladera es una pena.

El camino hasta Vegas de Toro es bastante llevadero; va subiendo, pero poco a poco. A partir de ahí la cosa cambia y la pendiente crece considerablemente. Pasamos por Piedra Llé pero no la vemos de la niebla que nos envuelve. Y así seguimos, medio empujando y medio pedaleando, hasta hacer cota en los Puertos de Áliva. Son las 12:15, estamos a 1.440 metros y llevamos sólo 7,5 kilómetros. Tampoco me preocupa mucho lo poco que llevamos a estas horas porque sé que a partir de ahora todo es bajada hasta Espinama y después ya solo nos tocará hacer la subida a la Remoña y bajar Pandetrave hasta Posada de Valdeón.

En una de las paradas subiendo a Puertos de Áliva le comento a Luis que podemos estar tranquilamente a las 13:00 en Espinama, tardar dos o tres horas en subir Remoña (creo que hay bastante cuesta y habrá que volver a empujar un buen tramo) parando a comer a mitad de la subida para reponer fuerzas, y estar en Posada de Valdeón hacia las 17:00 a más tardar. Como la etapa está planificada en unos 40 kilómetros, nos da tiempo a hacerla de sobra por mucho que haya que empujar.

El camino se divide en dos: a la derecha sigue subiendo algo más hasta el refugio y la plataforma superior del teleférico de Fuente Dé. Mi idea era llegar hasta allí, pero nos está lloviendo y hay mucha niebla. Así no vamos a ver nada y no compensa. Tomamos el camino de la izquierda que sigue subiendo ligeramente hasta llegar a la Ermita de Nuestra Señora de las Nieves, o Santuca de Áliva. Son las 12:30, a 1.490 metros de altitud y llevamos 9 km.

A partir de ahí el sendero que seguíamos se convierte en pista forestal ancha y con el suelo bien compactado. Y empieza la bajada fuerte. Pasamos por las Portillas del Boquejón y los invernales de Igüedri. Aquí ya nos deja de llover y la niebla la vamos dejando en las zonas altas de donde venimos, pero sigue todo muy cubierto y puede seguir lloviendo en cualquier momento.

Al llegar a Espinama son las 13:05 y llevamos 14 km. Ahora toca subir 3 km hasta Fuente Dé por carretera y desde ahí subir los 14 km de la pista de la Remoña para enlazar con el alto de Pandetrave. Ahora no llueve, pero es seguro que en La Remoña hay niebla e igual llueve. Luis le teme más que a un nublado otra subida de kilómetros y kilómetros de empujar lloviendo y me dice que prefiere no subir, que nublado no vamos a ver nada, que lloviendo aún menos, y que así no compensa empujar. A mí tampoco me resulta indispensable subir La Remoña si hay niebla. La alternativa es dar una vuelta grande por carretera regresando a Potes y ascendiendo el puerto de San Glorio para después seguir subiendo otros 7 kilómetros el puerto de Pandetrave. Desde Potes hasta San Glorio no sé la distancia que hay, pero me hago la suposición que serán unos 20 kilómetros de carretera muchos de ellos en subida. Además de ser todo carretera, igual por allí no llueve. Así que en vez de subir hacia Fuente Dé empezamos a bajar por carretera de nuevo en dirección Potes para poder tomar la carretera de subida a San Glorio.

La bajada es rápida porque si ya desde la ermita de Nuestra Señora de las Nieves habíamos bajado 600 metros hasta los 890 metros de altitud de Espinama, hasta Potes vamos a bajar casi otros 600 más. El cambio de ruta por no subir La Remoña supone que todo lo que hemos subido entre ayer y hoy lo vamos a deshacer en escasamente 2 horas.

Bajando paro unas tres veces a esperar a Luis. Me sorprende también esperarle en bajada por carretera, pero está con los cascos del móvil, supongo que hablando con Sonsoles, y va lento. Y yo voy un poco preocupado porque sé que con el cambio de ruta nos hemos de hacer al menos 20 kilómetros extra con dos puertos de montaña, con lo que supone de tiempo extra y esfuerzo necesario para hacerlo. Y si además nos llueve, para qué las prisas.

Entre los sitios en los que paro esperando a Luis lo hago en el mítico restaurante El Oso y la última parada la hago en Camaleño porque veo que está abierto el ayuntamiento. Son las 13:50 y llevamos 27,5 km. Cuando llega Luis entramos a sellar y pregunto a unas chicas que nos atienden por la distancia exacta desde Potes a San Glorio. La expresión me cambia algo cuando nos dicen que son algo más de 30 a los que hay que añadir otros 5 hasta enlazar con Pandetrave, y que si estamos locos dando esa vuelta por no subir La Remoña. Incluso nos dicen que desde Cosgaya sube una pista directa hasta el mirador del Oso del puerto de San Glorio. Luis me dice que si hay que dar tanta vuelta convirtiendo la etapa en casi 80 kilómetros con puertos, que subamos por la pista de Cosgaya. Le miro raro y le digo que no acabamos de bajar 600 metros por no empujar en La Remoña para tener que hacer ahora más subida con más empujones que en La Remoña. Porque la subida que nos dicen hasta el mirador del Oso la hice yo hace 30 años en moto y a la moto le costaba subir en primera (iba también mi mujer y el equipaje, pero es que recuerdo que la cuesta arriba es del quince), y como me acordaba de aquello me negué en redondo.

Luis al habla con Sonsoles me dice que ella está mirando el mapa y que podemos ir a Riaño. La situación en ese momento me excede porque denota que Luis no sólo no se había preparado físicamente sino que tampoco había mirado nada del recorrido. Y eso indicaba que cuando en Espinama me dijo de evitar La Remoña realmente no tenía ni idea de si había alternativa y si era viable o no. Si llego a saber que lo decía sin criterio, no dudo en que hubiéramos subido La Remoña. Además lo de ir a Riaño significaba renunciar a uno de los trayectos más bonitos de toda la ruta que había planificado con tanto cuidado desde hacía meses: la subida que al día siguiente teníamos que hacer desde Posada de Valdeón al puerto de Panderruedas, al Pontón y cruzar el Pármade. Así que que con un tono ciertamente desagradable le contesté que teníamos que llegar en el día a Posada de Valdeón sí o sí. Disculpa Luis que en ese momento contestara de mala forma.

Así que volvimos a montar en la bici y nos llegamos hasta Potes, donde reaparecemos a las 14:25 y tras 35 kilómetros recorridos. Sin pararnos, tomamos la carretera que desde Potes se encamina hacia el Puerto de San Glorio. Yo me estaba imaginando que tendríamos unos 20 km hasta empezar el puerto y unos 15 más de puerto, pero la realidad que comprobaríamos desde ese instante es que bien se podría considerar puerto los 35 kilómetros, porque desde el mismo Potes la carretera no para de subir ni un instante. !Y después había que subir Pandetrave y aún no habíamos comido!. Vaya panorama.

Empezamos a hacer kilómetros cogiendo cada uno su ritmo, Luis el suyo y yo el mío. Yo cada poco voy mirando a ver si Luis no se retrasa mucho porque voy con la angustia continua de que nos queda mucha subida, pocas horas y poco Luis. Llegamos a Vega de Liébana a las 15:00 tras 42,5 kilómetros. Ya llevamos recorrida la distancia inicialmente planificada y aún estimo que nos quedan al menos 30 más por esta nueva ruta. Paramos a comer algo rápidamente y volvemos a salir a las 15:40.

A unos 3 kilómetros llegamos a Vada y Bores, que es donde ya la cuesta empieza a empinarse de verdad y empiezan los 16 kilómetros que sí pueden considerarse puerto con rampas fuertes.

Trato de ir parando cada poco para esperar a Luis. Sé que va muy justo pero el tío va sacando casta y sigue subiendo por lento que vaya. Hay tramos que ya empieza a bajarse de la bici para empujar pese a que las rampas no lo demanden; signo inequívoco de que pese a haber comido las fuerzas le están abandonando.

Excepto por un par de pueblos muy pequeños por los que se pasa casi al lado, en toda la subida no se pasa por sitio poblado alguno. Comienza a llover con insistencia y las nubes bajan. La subida, con tanta cuesta, tanto cansancio acumulado, lloviendo y sin ver la carretera 300 metros delante de donde estás, se hace mucho más penosa aún. A mitad de subida, en una de las varias paradas que hice para no perder a Luis definitivamente de vista, hay una marquesina de una parada de autobús donde logro cobijarme. Ahí estoy protegido del viento y la lluvia y cuando llega Luis comemos algunos frutos secos que Luis había llevado al Camino. En lo que resta de subida, las veces que paro echo de menos la marquesina. En esas paradas, como llueve, trato de parar debajo de algún árbol frondoso que me proteja algo, pero como voy mojado y hace frío siempre acabo empezando a tiritar al poco, por lo que me conformo con ver a Luis allá a lo lejos pero no espero a que me alcance para evitar quedarme congelado y coger un costipado que arruine el resto del Camino.

En las paradas que hago me da tiempo a tomar consciencia de que Luis hará un esfuerzo extraordinario logrando subir San Glorio y que no puedo exigirle subir después Pandetrave. Al haber haber pasado en otras ocasiones por aquí recuerdo que en Portilla de la Reina hay un albergue y tomo la decisión de que ese sea nuestro nuevo destino de hoy. Eso significa que renunciamos definitivamente a Posada de Valdeón y que mañana habremos de continuar hasta Riaño y dirigirnos en dirección a la base del puerto del Pontón para retomar desde ahí la subida al puerto del Tarna por Burón, Lario y Acebedo. Con este nuevo planteamiento, al saltarnos Panderruedas y Pármade, acortamos el viaje un día si mañana logramos salir temprano y hacer los aproximadamente 20 kilómetros extra que supondrán el tramo entre Portilla de la Reina y Burón, que son mayoritariamente llanos o cuesta abajo. Eso hará que la etapa de mañana tenga más de 90 kilómetros en los que habrá que subir los puertos de Tarna, Señales, Collado Pinzón, San Isidro, rematar con la subida al Collado de las Agujas de la estación de esquí de San Isidro y bajar por el puerto de Vegarada hasta Lugueros. ¡Si ya llevamos una fenomenal paliza encima, lo que aún nos espera mañana no desmerece en absoluto!

Por fin a las 19:40 corono el puerto tras 62 kilómetros recorridos. En la cima me encuentro a una pareja. Para evitar quedarme quieto y congelarme mientras espero a Luis, me pongo a hablar con el chico y a hacerles fotos. Son canadienses de Vancouver y están aquí porque él hizo hace unos 20 años mucho del camino que nosotros estamos haciendo ahora. Es una lástima que haga tan mal día porque no puede contemplar el paisaje, pero a mí me sirve para aguardar a que Luis llegue. Lo hace poco antes de las 20:00. Estamos ya en San Glorio los dos tras haber tardado 5 horas, si quito la media hora de parada para comer, en hacer los 35 kilómetros desde Potes. Por lo que me dice ha pasado las de Caín; pero aquí le tengo, ha hecho cumbre como un machote. Le digo lo de no hacer Pandetrave e ir a Portilla de la Reina, lo que recibe sin poder mover una pestaña tanto por las siete capas de ropa que lleva puestas como porque los músculos ya no le pertenecen, y comunica por línea interna de forma inmediata a Sonsoles quien nos hace el favor de localizar el teléfono del albergue que recuerdo para poder llamar y comprobar que esté abierto.

La bajada hasta Portilla de la Reina la hacemos rápidamente y como ha parado de llover la ropa se nos seca un poco con el viento. Llegamos a destino a las 20:30 tras 71 kilómetros. Segundo día consecutivo que llegamos a destino casi anochecidos.
 
El albergue es más bien un hotel rural. De hecho el dueño resulta que conoce a Eusebio, el dueño de las casas de turismo rural de Lugueros a donde pretendemos llegar mañana. La habitación es pequeña pero confortable; las bicis las dejamos en un cobertizo; los cuerpos los hacemos pasar por la ducha y casi sin solución de continuidad el hostelero nos hace cenar a la vez que otra pareja de andarines que también tiene alojados hoy.

En el pueblo no hay nada que hacer y como el cansancio es grande y mañana hay que madrugar para meterse otro palizón, ponemos el despertador para despertarnos a las 7 y nos metemos en la cama a roncar rápidamente.

Hoy hemos pasado por: Sotres, Vegas del Toro, Puertos de Áliva, Ermita de Nuestra Señora de las Nieves, Espinama, Las Ilces, Cosgaya, Areños, Enterría, Camaleño, Baró, La Frecha, Beares, Turieno, Mieses, Potes, Valmeo, Naroba, Vega de Liébana, Vada, Bores, Enterrías, Puerto de San Glorio, Llávanes de la Reina, Portilla de la Reina.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Día 4. Potes - Sotres. 42,57 Km

Kilómetros: 42,57
Distancia ascendiendo: 21,02 km
Desnivel acumulado positivo: 2.308,70 metros
Porcentaje máximo de subida: 41,25%
Porcentaje máximo de bajada: 27,17%
Tiempo pedaleando: 4:48 horas
Tiempo ascendiendo: 3:13 horas
Vel. media en movimiento: 8,88 km/h
Vel. media total: 3,69 km/h
Vel. máxima: 55,31 km/h


Lignum Crucis
A media subida de Collado Pelea
Collado Pelea
Subiendo hacia Sotres
Puerta Santa de Santo Toribio
Peña Ventosa desde Pendes
Subiendo el Collado Pelea
Collado Pelea
Bejes desde Collado Pelea
Bejes subiendo hacia Sotres
Hayedo en el Vao de los Lobos
















El día anterior había sido extenuante y nos habíamos dejado pendiente la visita a Santo Toribio de Liebana. Hay que visitar el monasterio, ver el lignum crucis y solicitar la Lebaniega.

Ayer en la Oficina de Turismo ya nos dijeron que hasta las diez no abrían, asi que hoy no toca madrugar.  Aunque la etapa es relativamente corta en kilometraje, es muy montañosa. Además la planificación inicial era deshacer por carretera el desfiladero de la Hermida, 17 km de bajada, para poder visitar la iglesia de Lebeña y atacar los aproximadamente 25 km de muy exigente subida por Bejes hasta Sotres.

Pero también en la Oficina de Turismo nos propusieron una alternativa: en vez de hacer el desfiladero podíamos desviarnos en Tama para subir por carretera local hasta Pendes y Cabañes. Y desde ahí por pista subir el puerto de Cabañes y el collado Pelea. Nos dijeron que la subida era más facil que la carretera de Bejes y mucho más bonita. Seguir la recomendación del día anterior por la Braña de los Tejos resultó nefasta, pero la idea de quitarnos toda la carretera del desfiladero de La Hermida nos sedujo y nos propusimos volver a hacer caso de una nueva recomendación de cambio de ruta. El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

Como ya dije nos levantamos sin madrugar con la idea de llegar a Santo Toribio a las 10:00. Salimos del albergue casi a las 9:30 para hacer los 4 km que hay hasta el monasterio. Todos de subida fuerte. Eso sí, como teníamos que volver a Potes, dejamos las alforjas en el albergue para recogerlas después. Vaya si se nota que la bici sube mucho más fácil sin el peso de las alforjas.

Llegamos al monasterio a las 9:55. Mejor planificado imposible. No hay nadie. Aguardamos a que abran y el encargado de la iglesia nos comenta los datos más relevantes del lignum crucis y nos lo enseña. Bien bonito lo tienen. Vemos el claustro, sellamos, nos registramos para que nos manden la Lebaniega cuando tengan a bien y nos volvemos de nuevo a Potes a recoger las alforjas y dejar cerrado el albergue. Cristophe, lógicamente, se había marchado hacía ya tiempo, antes de que nos despertáramos.

Al poco de salir de Potes, ya completamente pertrechados, paramos a desayunar en Ojedo, en el Peña Sacra. Tienen un frontal precioso, con una balconada corrida llena de flores muy coloridas. Cuando estamos desayunando oímos en la calle ruido de agua como si estuviera cayendo desde algún desagüe. Al terminar de desayunar y salir a coger de nuevo las bicis compruebo que el ruido de agua era que estaban regando las flores de la balconada. Y lo hacían como los romanos en las Médulas, por inundación y derrumbe. El/la que había regado lo había hecho como si no hubiera un mañana y sin ver si debajo había algo. Y lo que había era mi bici. Mis alforjas están empapadas y el saco de dormir también. Blasfemo en alto para que el hijo de satanás que lo haya hecho tenga más cuidado y se fije la próxima vez. Pero seguro que no servirá de nada, la gente es así de indolente y maleducada.

Desayunamos en escasa media hora, pero con todo ya son las 11:30 y los 8 kilómetros de etapa que llevamos son los que tendríamos que haber hecho ayer por la tarde. Así que estamos a media mañana y sin vender una escoba. La etapa es corta pero exigente, con  mucho ascenso, mucha pista y muchas pendientes incluso de mayor porcentaje que ayer. Y el tiempo tan soleado y caluroso de los dos días anteriores parece que cambia. Ahora solo está algo nublado, pero hoy nos adentramos en el corazón de los Picos de Europa y tenemos que ganar más de 1.000 metros de altura. Ya veremos lo que la tarde nos deparará.

Tal y como nos aconsejaron, en Tama nos desviamos para seguir por carretera local hacia Colio, Pendes y Cabañes. La subida por aquí, tal y como nos dijeron, es por ahora bastante menos exigente que la subida a Bejes desde La Hermida. Con todo la tónica de la marcha sigue siendo la misma de los días anteriores con Luis a un piñón y medio menos, haciendo funcionar el molinillo en cuanto se barrunta una cuesta arriba a lo lejos.

En Pendes paramos un rato a hablar con unos paisanos y reponer agua fresca en la fuente. Nos avisan que la carretera se acaba un poco más adelante, en Cabañes, y que sudaremos tinta en la subida hasta el collado Pelea que se hace por pista. Son las 12:30 y llevamos hechos 16 kilómetros. Como de nuevo hemos cambiado el track planificado no tengo idea exacta del kilometraje que nos resta, solo puedo hacer meras suposiciones calculando línea recta en el mapa y añadiéndole algún kilómetro extra.

Antes de llegar a Cabañes volvemos a encontrar a Cristophe en mitad de uno de los muy hermosos castañares milenarios que jalonan toda la ruta desde Colio. Ya lleva hechos unos buenos kilómetros para ir andando y cuesta arriba. Nos despedimos de nuevo de él y seguimos hasta Cabañes. Cabañes está al pie de un farallón rocoso y allí termina la carretera. Según íbamos acercándonos iba mirando de un lado al otro de la montaña tratando de discenir por donde seguirá la ruta para evitar el farallón, pero no logro adivinar nada. Y no lo hago porque lo que hace la pista que va a Bejes es repechar por cuestas imposibles el farallón que veíamos.

En Cabañes hay un albergue en el que tratamos de sellar, pero está cerrado. Si Cristophe se había propuesto quedarse hoy aquí tendrá que hacer unos kilómetros extra y tratar de llegar hasta Bejes.

Salimos de Cabañes por la pista que arranca en el mismo centro del pueblo. Lo hacemos directamente empujando. La cuesta arriba es tela marinera. Son las 13:20 y llevamos hechos 20 km. Justo antes de iniciar nosotros el ascenso vemos que también lo inician una pareja de andarines. Ellos no tienen que empujar ninguna bici lastrada con 15 kilos en las alforjas. Van al doble de velocidad y se cansan mucho menos por lo que apenas han de parar a recuperar el resuello. Alcanzarán el collado Pelea muchísimo antes que nosotros.

Tras sudar la gota gorda y vaciarnos de fuerzas una vez mas, logramos alcanzar el collado Pelea a las 15:00. La subida desde Cabañes han sido escasos 3 kilómetros, pero hemos tardado hora y media en hacerla. Si ayer hacíamos medias de menos de 3 km/h, hoy batimos tan espeluznante marca y bajamos de los 2 km/h.

Estamos a 1.000 de altura. Desde el collado Pelea vemos detrás nuestro el desfiladero de la Hermida, la imponente mole de Peña Ventosa y el collado Pasaneu que cruzamos ayer. Viéndolo desde aquí me parece poco menos que imposible que ayer cruzáramos con la bici por un sitio tan alto y escarpado.

Y delante nuestro tenemos el corazón de los Picos de Europa. Delante nuestro, a mucha menos altura de la que estamos, vemos Bejes allá abajo y, más o menos a nuestra altura, al fondo, Tresviso. El paisaje es simplemente espectacular. Desde aquí vemos los primeros kilómetros de la pista que sube desde Bejes hacia Sotres y que habremos de tomar después de comer en Bejes (ni en Pendes ni en Cabañes hay nada donde poder comer algo). Después de todo lo que nos hemos subido ayer y hoy, nos parece una puñeta ver que tenemos que bajar mucho de lo que acabamos de subir para llegar a Bejes, para tener de nuevo que volver a subirlo en el posterior camino a Sotres por la tarde. Pero esto es la montaña; hay que disfrutarlo por mucha exigencia física que demande.

Y aunque el paisaje merecería quedarse allí horas y horas disfrutando de la vista, hemos de llegar lo antes posible a Bejes para tratar de comer algo. Ya faltaría que no encontráramos nada con las horas que eran. Porque además hasta Sotres no hay ni pueblos ni nada de nada más que montaña y más montaña.

Cabañes está a una altitud de 555 metros (Potes a 300 metros). El collado Pelea a 1.000 metros. Y Bejes está a 600 metros. Tenemos por tanto que bajar casi la misma altura que acabamos de subir. Desde el collado Pelea hasta Bejes hay casi 3,5 kilómetros.

Si la subida ha sido de llevar crampones en la bici, la bajada es espeluznante. De nuevo hemos de hacer tramos bajados de la bici porque la pendiente unida a la inercia produce el peso de las alforjas hace que la bici se embale en la tierra y no hay frenos que la hagan parar.

En mitad de la bajada nos encontramos a un tío que está subiendo empujando una bici. Está nadando en un mar de sudor. La escena es de risa: en mitad de un cuestón, nosotros bajados de la bici para no despeñarnos y él bajado de la bici empujando para poder subir. Es inglés y empezamos a charlar un rato. Al poco aparece una chica super rolliza, roja como a punto de estallar, empujando otra bici. Se trata de la mujer del inglés. Si ya me parecía una proeza que el tío estuviera tratando de subir la cuesta, me quedo flipado con la inglesa. Le digo que es mi heroína, de la buena, no de la droga, y le propongo matrimonio para cuando enviude. Del esfuerzo que estaba haciendo la probrecita mía tenía en ese momento la misma foto que la cerdita Peggy a punto de ser sacrificada. Lo que es el amor a esas edades. Están alojados en Potes y esta mañana subieron temprano al teleférico en Fuente Dé y están haciendo la misma ruta que nosotros, pero en dirección contraria a la nuestra.

Llegamos a Bejes a las  15:50. En el único bar que hay nos dicen que nos pueden dar de comer un buen plato de embutido. Regado con unas buenas cervezas nos sienta de maravilla. Mientras estamos comiendo empezamos a oir tronar bastante fuerte. Los paisanos que están con nosotros nos avisan que la tormenta viene justo en la dirección en la que tenemos que ir después. No pinta nada bien.

Casi al acabar aparece Cristophe. Bien machote. Le ofrecemos terminar de nuestro plato de embutido y vamos al albergue del pueblo. Él para alojarse y nosotros para sellar. Justo cuando vamos a querer salir empeizan a caer las primeras gotas. Decidimos esperar un momento para ver si es una tormenta pasajera y escampa pronto porque vemos pasar las nubes con velocidad. Pero empieza a llover a cántaros y decidimos esperar para no empaparnos.

Cuando parece que quiere clarear algo y aparenta chispear escasamente decidimos salir. A ver si hay suerte. Son las 17:23. Tampoco podemos esperar más porque hemos de subir aún mucho, la noche se echará rápidamente y hasta el destino de hoy no hay nada más que montaña, sin pueblos ni sitios donde refugiarse. Hay que llegar como sea. Yo me acuerdo de la madre del que me ha mojado el saco esta mañana pensando en si acaso nos hemos de quedar en mitad de la montaña a hacer noche porque no alcancemos Sotres de día.

Como al kilómetro de salir Luis se da cuenta que justo antes de irnos de Bejes había vuelto a deponer su actitud y allí se había dejado olvidado el casco. Este Luis es el despiste personificado; otro día a media mañana tuvo la sensación de haberse olvidado el saco en el albuergue donde habíamos dormido (eso será el día que dormimos en Mansilla de las Mulas) y cuando me lo dijo le comenté que se cerciorara para si se lo había olvidado deshacer el camino y regresar a por el saco, pero me dijo que prefería no mirar y seguir ya que llevábamos dos horas pedaleando en la esperanza de no habérselo dejado (al llegar al destino ese día y abrir las alforjas vio que no se lo habái olvidado).

Bueno, pues si ya íbamos tarde, ahora aún más. Luis se baja andando de nuevo hasta el pueblo (va andando para evitar subir otra vez con la bici el tramo que ya habíamos hecho porque de veras que se sube más rápido a pie que empujando la bici por esos cuestones) y yo me quedo allí esperándole mientras no hago más que otear el cielo viendo si la lluvia nos respeta y si se meten más nubes negras de tormenta o no. Veo allá abajo a Luis llegar al pueblo y le veo al poco subir a pie. Hay suerte porque enseguida sale un todoterreno del pueblo y veo que Luis se tira al todoterreno para que le suban. Monta en el todoterreno y en un periquete llegan a mi altura con Luis en el asiento de atrás y el casco puesto. Lástima no haber visto antes que no se había quitado el casco  y haberle sacado una foto allí sentado con el casco puesto dentro del todoterreno y con cara de felicidad. Igual que un niño pequeño en una película de David Lynch..

Reanudamos la subida habiendo perdido solo 15 minutos en el rescate del casco gracias al todoterreno. La lluvia parece que nos va respetando. Hay nubes por todos los lados, nada que ver con el día de ayer.

La subida continúa hasta poco antes de llegar al Vado de los Lobos. En ese punto la pista se bifurca en dos; la izquierda sigue escalando hacia La Andara y las minas abandonadas de La Mazarrasa; la de la derecha llanea algunos kilómetros por un bonito hayedo en dirección Sotres. Son las 19:30 y llevamos hechos 32,6 kilómetros.

Como desde que pasamos por Tama, hace ya muchas horas, no he vuelto a tener cobertura en el móvil y viendo que aquí sí la tengo, llamo al sitio donde tengo reservada la habitación en Sotres para advertir que llegaremos tarde pero que llegaremos como sea. Hotel La Perdiz, según se entra al pueblo en nuestro sentido. La señora me contesta que no recuerda esperar a nadie con reserva hecha. Uy, uy, uy, uy. Cuando le digo que somos los de las bicis y le doy un par de pistas más, entonces lo recuerda y me dice que ya recuerda y que tenemos la habitación sin problema. Uuuuffffff, qué momentazo he pasado de acongoje.

Tomamos la pista de la derecha, atravesamos el hayedo y de nuevo otro tramo de 3 kilómetros de repecho hasta alcanzar la carretera que une Sotres con Tresviso. Estamos a 1.300 metros de altitud justo en el límite entre Cantabria y Asturias. Bejes es cántabra y Sotres asturiana. Son las 20:30. El sol está empezando a desaparecer. Por lo menos desde aquí, aunque anochezca, alcanzaremos Sotres sin problema alguno porque está sólo a 4 kilómetros que se hacen en bajada y por carretera. Luis aparece a los diez minutos. Aún le queda un hilo de vida y de voz para estar hablando con Sonsoles por teléfono mientras empuja la bici. Igual le está dictando el testamento.

Los 4 kilómetros que nos quedan hasta Sotres los hacemos ya con el relajo de sabernos a punto de llegar a destino y poder descansar. Llegamos a Sotres a las 21:00. Pedazo de ducha, pedazo de fabada para cenar por haber llegado a Asturias vivos y al catre, que mañana hay que hacer mucha montaña de nuevo. No hay fuerzas ni para pasear diez minutos por el pueblo. Nos estamos superando cada día que pasa, de un día para otro hacemos más desnivel acumulado de subida y de mayor porcentaje. De esta salimos con las piernas duras como robles. Las predicciones del tiempo para mañana son muy malucas.

Hoy hemos pasado por: Potes,  Monasterio de Santo Toribio de Liebana, Ojedo, Aliezo, Tama, Colio, Pendes, Cabañes, Collado Pelea, Bejes, Vao de los Lobos, Sotres.